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“Para que exista equidad en el ámbito laboral algunas personas requieren ciertos ajustes”

Fabiola Muñoz Moyano es una mujer autista, gestora de inclusión laboral de personas con discapacidad. Además de capacitar a quienes buscan promover una cultura inclusiva en sus organizaciones, asesora y acompaña principalmente a mujeres que buscan desarrollar una carrera profesional en industrias masculinizadas o áreas STEM. En conversación con Diversa, relata su experiencia en el mundo laboral como persona neurodivergente y los desafíos por delante en diversidad e inclusión en Chile.

¿Cómo comienza tu historia en el mundo laboral como mujer con discapacidad?

El tema de mi discapacidad lo vine a conocer recién a los 45 años y tengo 47. Las mujeres, principalmente por un tema de capacitación de los profesionales de salud, y de que estamos desde siempre enfocadas en enmascarar cómo somos o cómo nos comportamos para ser aceptadas laboralmente, a veces no reconocemos en nosotras mismas una manera distinta de funcionar.

Muchas veces, nos damos cuenta por dos cosas: comienzas a capacitarte y te das cuenta de que tienes muchas de las características que estás aprendiendo. O eres madre y a través de la visión del comportamiento de tu hijo, sobre todo cuando hablamos de la neurodivergencia, te das cuenta de que eres igual y que pasaste por muchas cosas que él o ella está pasando. Llega el momento en que dices “veamos si yo también soy parte de esto”, eso fue lo que me paso.

¿Y cómo fue ese darte cuenta?

Algo que les pasa a muchas mujeres, cuando descubren que son parte de la neurodivergencia, es decir “no me van a aceptar, no voy a poder trabajar en ningún lado”. A mí me pasó todo lo contrario: en el momento que me dijeron: ven acompañada para recibir tu informe, fui sola, lo recibí, crucé la calle a un café, creo que lloré como una hora. Pero ese llanto no era por la pena de saber que era parte de la comunidad neurodivergente, sino por un alivio, una alegría de poder entender.

Y, por otro lado, saber que ésta es mi bandera, llevo años trabajando sobre la inclusión. Una de las cosas que sucede en el mundo laboral es que las personas con discapacidad con las cuales más miedo da trabajar son las neurodivergentes. Entonces pensé: tengo que mostrarles que podemos trabajar, estudiar, hacer familia, podemos ser un apoyo en tu organización.

¿Cómo ves la realidad de las personas con discapacidad en las empresas?

Llevo años asesorando a los que buscan empleo y capacitando a personas dentro de las organizaciones para que se dediquen a la inclusión laboral de personas con discapacidad. Se ve la discriminación, prejuicios, falta de conciencia de las necesidades de la otra persona, de que no todos funcionan igual.

Por ejemplo, en las actividades de fin de año con el “amigo secreto” no falta el compañero que no quiere participar y: “¿cómo no vas a participar si es una actividad de la empresa?”. Pero no se dan cuentan en el detrás de eso, a lo mejor es una persona que su manera de funcionar no le permite estar en una actividad con muchas personas, gritando o entregando regalos. Pero no es que no sea sociable, sino que su manera de sociabilizar es distinta. Entonces hay muchos temas asociados a los prejuicios, a la falta de conocimiento. Además, a la falta de oportunidades.

Acá en Chile desde el 2018 se comenzó a aplicar la Ley de inclusión laboral de personas con discapacidad y ha sido un camino muy lento. La ley pide un 1% en el sector público y privado para aquellas organizaciones con 100 o más trabajadores, pero en menos de la mitad de las organizaciones se cumple. Entonces es un camino lento, es muy importante estar ahí, visibilizar el tema para que estos cambios se den.

¿Qué crees que deberían tener en cuenta las organizaciones para desarrollar oportunidades laborales más equitativas?

Además de la capacitación, entender que para que exista equidad algunas personas requieren ciertos ajustes. ¿De qué manera nosotros como organización podemos colaborar para que esa persona pueda realizar su trabajo sin complicar su situación de salud o la manera en la que ve la vida?

Por ejemplo, si yo como persona autista ingreso a una empresa y a mí me preguntan qué tipo de ajuste deberíamos hacer para que trabaje en mejores condiciones, les diría no moverme en horas picos en el sistema de transporte, metros, buses.

En Santiago nos movemos mucho en metro, tiene 87 decibeles, es lo que está más alto en ruido ambiente dentro de la ciudad y para nosotros eso es tremendo, que otra persona te toque, te apriete, los ruidos. Entonces si la empresa me dice que puedo entrar a trabajar a 9:30 de la mañana y no a las 8 hs y te puedes ir a las 17:30 y no a las 19, yo rindo todo lo que tú quieras, todo lo que necesites y más, y no es un costo para la empresa.

Ese tipo de cosas estoy trabajando dentro de las compañías: derribar la creencia de que cualquier ajuste que requiere una persona con discapacidad significa grandes inversiones.

¿En qué consiste tu trabajo acompañando a mujeres en industrias tradicionalmente masculinizadas?

De formación soy Ingeniera en Finanzas, y trabajé en distintas industrias masculinizadas. Me di cuenta de la gran necesidad que existía de abrir espacios y de visibilizar a la mujer.

Vi que existían mujeres, desde hace mucho, capacitándose en lo que es minería o energía por ejemplo, o desarrollándose en distintas áreas de tecnología, pero no siendo visibles. Ahí comencé a sumarme en distintas organizaciones de mujeres que trabajan en colaboración para poder empoderar y abrir estos espacios. Soy mentora en la Red de Ingenieras de Minería y parte de la Red de Mujeres de Ingeniería de Chile.

Desde el punto de vista de la empleabilidad, algo que pasa bastante es el famoso síndrome de la impostora, que se da mucho en la mujer, mucho más en áreas de STEM. Es importante que las mujeres se den cuenta de los aportes que han hecho en sus organizaciones, que gracias a sus aportes sus jefaturas han ido creciendo y ellas han ido quedando ahí, cuando en realidad el trabajo lo han hecho ellas. Cuando hablan de sus logros, hablan de nosotros: “nosotros hicimos, nosotros generamos”. Te tienes que empoderar y decir “soy yo la que hice esto”, reconocer cuál fue tu rol en este engranaje para que se lograra.

En general, acompaño a mujeres recién egresadas, que tienen pocos años de experiencia profesional, o a mujeres que tienen más de 45 años, que nunca tuvieron ni idea por qué estuvieron años en el mismo rol y recién se están dando cuenta de que hay otras maneras de buscar trabajo, de mejorar sus condiciones. Les ayudo a reaprender y a reconocer lo que pueden aportar.

Hoy me siento muy orgullosa de muchas de ellas que han logrado ser superintendentas, gerentes generales, gerentes de áreas y de acompañar a las que vienen recién egresadas con un título bajo el brazo.

¿Qué pueden hacer las empresas para sumar más mujeres en este tipo de industrias?

En Chile lo que están haciendo las grandes compañías es establecer cuotas, metas, por ejemplo “en 2025 queremos tener el 30% de mujeres”.

Además la visibilización es vital. Estas organizaciones deben participar de actividades, de eventos donde se muestre este empoderamiento, porque muchas veces dicen que no hay mujeres, por eso no contratamos. Bueno, hay que demostrar que hay, y que somos muchas las mujeres y estamos acá y podemos aportar.

En las empresas medianas y pequeñas hay demasiado por hacer, todavía hay mucho sesgo y prejuicio, ahí la capacitación es vital y aquellas escasas mujeres que están dentro tienen la responsabilidad de ser visibles para mostrar que tal como ellas son un aporte, lo pueden ser muchas otras.

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