El 72% de las personas se autocensura en el trabajo

La encuesta Diversidad en las organizaciones -impulsada por el consultor senior en DEI Luis Etchenique– muestra que todavía existen importantes desafíos para construir espacios laborales donde todas las personas puedan desarrollarse con autenticidad y seguridad.

Ilustración de una reunión de trabajo con personas diversas alrededor de una mesa, en una nota sobre autocensura, inclusión y autenticidad en las organizaciones.

72% de los participantes admitió haber filtrado lo que iba a decir en el trabajo por no saber cómo iba a ser recibido. El 49% lo hizo alguna vez; el 23%, de manera frecuente. Solo 1 de cada 4 personas declaró sentirse libre de expresarse sin restricciones.

Cuando se preguntó si la empresa donde la persona trabaja cuenta con una política de diversidad e inclusión, solo el 40% respondió que sí y que se nota en el día a día. El 18% afirmó que existe solo en papel, el 27% directamente no sabe si existe y el 15% dice que no existe ni se percibe. El cruce de estos datos con los niveles de autocensura es revelador: en organizaciones sin ningún marco de inclusión, el 91% de las personas se autocensura.

El 46% de los encuestados siente que en su organización la inclusión se practica todo el año. Pero el 41% dice que el tema no llega ni a junio -es decir, ni siquiera en el mes dedicado a la visibilidad LGBTQ+ aparece en la cultura organizacional-, mientras que el 13% identifica una inclusión «de calendario», limitada al mes del orgullo.

El 38% de los participantes conoce o vive en primera persona la tensión entre quien es y quien muestra en el trabajo. Ante la pregunta sobre si conocen a alguien en su entorno laboral que no sea abiertamente LGBTQ+ en el trabajo aunque sí lo sea fuera, el 35% respondió afirmativamente y el 3% indicó que esa persona es ella misma.

Casi la mitad de las personas consultadas (46%) afirma haber vivido o presenciado situaciones de discriminación o trato desigual en su lugar de trabajo. Entre las principales causas aparecen la identidad de género, la edad, la orientación sexual, la discapacidad y otros aspectos de la diversidad.

«Más allá de las políticas, los programas o las comunicaciones, los datos parecen señalar que la inclusión se vuelve real cuando las personas sienten que pueden participar, opinar y mostrarse auténticamente sin temor a las consecuencias. Todavía hay una enorme oportunidad para construir organizaciones donde las personas no tengan que elegir entre pertenecer y ser ellas mismas», señaló Etchenique.