Accesibilidad sin alma: ¿para quién se programa? Diseñar con propósito y no por cumplir

Por Gastón Boireau Lahore

Ayer estuvimos en el evento ‘Accesibilidad digital sin alma. ¿Para quién estamos diseñando?’ organizado por Fundación ONCE y Grupo Social ONCE en Madrid. Un espacio crítico y reflexivo que reunió a Raúl Marín Calleja (Head Teacher y Director del área de UX/UI Design en IMMUNE, Lead Designer en Design Systems), Enrique García Cortés (ingeniero informático, máster en Dirección de Proyectos y actualmente doctorando en Cuidados Integrales y Servicios de Salud, con experiencia liderando proyectos como Ga11y en Fundación ONCE), Natasha Trujillo (Consultora en Accesibilidad en Hi Experience, ex Consultora de Accesibilidad y UX en ILUNION), Jorge Suárez Calafat (Mobile Team Lead e Investigador iOS en Fundación ONCE), Andrés Lucas (Principal Design Systems Engineer en Adevinta), Lorena Ramos Pérez (UX Accessibility Design Lead en NTT DATA), Iván Salado (Responsable de Diseño UX/UI accesible y Product Designer en ILUNION) y Jorge Rebate Serrano (UX Lead en Fundación ONCE / Inserta).

Durante el evento se profundizó en experiencias y desafíos actuales relacionados con normativas que pronto entrarán en vigor en España, algunas de las cuales existen desde hace años pero no se han implementado adecuadamente. Desde distintos enfoques de la accesibilidad, compartieron casos prácticos y reflexiones que destacaron la importancia de integrar la accesibilidad en todas las etapas del diseño, evitando que se convierta en un simple trámite normativo. A través de ejemplos concretos, discusiones de la norma y aprendizajes surgidos de errores cometidos con clientes en el día a día, se exploraron diversos enfoques sobre accesibilidad digital. La conversación giró en torno a una pregunta: ¿estamos diseñando verdaderamente para personas o simplemente cumpliendo con requisitos impuestos?

Desde Diversa Noticias estuvimos en este evento que mezcló los primeros ejemplos en accesibilidad, experiencias de diseñadores y diseñadoras UX y, lo más importante, se escuchó a las personas a quienes la accesibilidad les abre puertas para vivir el mundo con los mismos derechos que cualquier otra. Repensar la accesibilidad como un derecho que debería estar en el ADN de las empresas, y no como una tendencia o checklist del 2025.

Entre el ‘deber ser’ y la realidad

Casi 1.300 millones de personas en el mundo viven con una discapacidad significativa, lo que representa el 16% de la población global según datos de la Organización Mundial de la Salud, pero menos del 5% de los sitios web cumplen con estándares básicos de accesibilidad digital. Mientras Europa avanza con leyes como el European Accessibility Act, que exigirá servicios digitales accesibles desde junio de 2025, muchas empresas aún eligen procrastinar con parches y soluciones superficiales que a veces se limita a un plugin.

Desde el inicio del evento, Jorge Rebate Serrano, investigador y consultor en accesibilidad digital, planteó con un simple ejercicio algo que dejó en claro lo que muchos olvidan al diseñar: pidió a cuatro asistentes experimentar lo que significa no poder ver (ponerse un antifaz), vivir con discapacidad visual (usar gafas que simulan baja visión para interactuar con una pantalla) o no poder escuchar (colocarse protectores de ruido). Las sensaciones de aislamiento e inseguridad dejaron en claro que la accesibilidad no se resuelve con ajustes técnicos, sino que se trata de conectar con la experiencia real de las personas y construir con ellas, no solo para ellas, simplemente escucharlas y saber qué necesitan.

Luego se profundizó en cómo el diseño accesible suele quedarse en parches técnicos, ejemplificando que contrastes de color ajustados a herramientas automatizadas, o el uso de plugins en sitios web muchas veces complican más de lo que ayudan a los y las usuarios que requieren una medida de accesibilidad, lo mismo que ocurre con componentes mal implementados que se volvieron la norma. Hoy en día cumplir las denominadas normas WCAG puede evitar sanciones, pero no garantiza que un producto sea realmente útil. Jorge Rebate Serrano hizo hincapié en algo que muchos olvidan, al decir que para que el diseño inclusivo funcione, hay que “bajar al barro”. Experimentar, equivocarse y entender el contexto real en el que se va a usar un producto es algo necesario para el buen diseño, en la importancia de una accesibilidad ‘NO-RMATIVA’ basada en datos concretos, hechos medibles y diseño centrado en las personas (UX-UCD-DU). Sin esa integración genuina de las personas con discapacidad en el proceso, dijo, el resultado queda a medias.

«Pregunta a las personas, bájate al barro, experimenta y equivócate», enfatizó Rebate Serrano. Para él, el verdadero diseño inclusivo se basa en entender el contexto donde se utilizará un producto, diseñar pensando en quien lo usará y fundamentarse en datos medibles y hechos concretos. Sin esa conexión genuina con las personas y sus experiencias, cualquier intento de accesibilidad queda incompleto.

El peligro de las ‘soluciones mágicas’ y la IA

Uno de los temas más controvertidos fue el uso de herramientas automatizadas e inteligencia artificial como atajos para la accesibilidad. Natasha, desde su experiencia en UX, advierte que confiar en esas «soluciones mágicas» suele limitar la usabilidad en lugar de mejorarla. La accesibilidad se vuelve poco atractiva cuando se reduce a un checklist para personas con discapacidad. La realidad es que la accesibilidad es para todos, en algún momento cada persona va a necesitar alguna medida que le facilite interactuar con el entorno digital.

Iván Salado explicó que aunque la IA tiene potencial, el problema es que muchas veces se implementan actualizaciones sin tener en cuenta dónde se usan las aplicaciones. Comentó que en casos como las aplicaciones bancarias, que renuevan sus interfaces sin considerar las necesidades de usuarios con discapacidad, se rompe por completo su experiencia. La accesibilidad no se trata solo de cumplir con estándares, sino de asegurarse de que el producto funcione en situaciones concretas y cotidianas. La IA, según Salado, todavía está lejos de resolver esa brecha.

No se trata de cumplir normas

Empezamos el evento hablando de normas, decretos reales y convenios internacionales sobre accesibilidad, pero nos dejaron claro que no se trata de cumplir normas, sino de comprender que la accesibilidad en todas sus formas debe estar diseñada conversando, escuchando las necesidades, diseñando, equivocándose y volviendo a intentar, comprendiendo (al menos tratando) que ese contexto tiene barreras visibles e invisibles, algunas históricas y estructurales que se deben repensar. Eso se llama diseñar para y con todas las personas, en cualquier circunstancia, eso también se llama trabajar con personas, como señalaron durante el evento: personas, no gente.

Este proceso exige una sensibilización continua y un compromiso que va más allá de buscar resultados positivos en términos de ROI. Implica un propósito genuinamente humano orientado a garantizar derechos que durante demasiado tiempo han quedado relegados, y sí, requiere abrirse a nuevas formas de experimentar, diseñar y co-crear con todas las personas involucradas. Cada vez son más esos “vikingos de accesibilidad” como lo menciona Enrique García Cortés, quienes comprenden la magnitud de este desafío y asumen la responsabilidad de impulsar soluciones que realmente transformen vidas.

La expectativa es alta y el camino está empezando a escribirse en código de programación, generando nuevas oportunidades tanto para quienes desarrollan como para quienes viven la accesibilidad, que al final somos todos. Este proceso también, positivamente, abre puertas a personas con discapacidad para participar y contribuir desde su conocimiento, también desde su experiencia profesional, debe motivar a seguir avanzando con este mismo propósito y que no sea un objetivo 2025, que siga. Donde cada paso y cada línea de código realmente cuenten.