Saraos Uranistas: la rareza es un lugar precioso

Una obra exquisita, divertida y profundamente queer que recupera historias de principios del siglo XX para hablar, también, de quiénes tienen derecho a existir, a ser mirados y a reivindicar sus existencias escritas por otros.

Por María Bulla

Foto por Irish Suarez

Hay obras que recomiendo sin parar a mis amigos porque están buenas y porque ir al teatro siempre es un gran plan. Y también está Saraos Uranistas, de la que salí del teatro con ganas de agarrar a todo el mundo de los hombros y decirle: andá a verla sí o sí.

La obra transcurre en la Buenos Aires de principios del siglo XX y nos mete de lleno en un sarao uranista (nota: lo entendí cuando lo pensé como un conventillo), uno de esos espacios habitacionales donde se encontraban quienes quedaban -y un siglo después siguen quedando- afuera de la norma. Putos, travas, maricas, raras, amigas. Una pequeña comunidad que encuentra en ese espacio la posibilidad de ser, de jugar, de desear y, sobre todo, de ser familia.

La historia parte de la visita de un médico de la Policía Federal a uno de estos saraos y está construida a partir de archivos reales de psiquiatría y notas periodísticas de principios del siglo XX. Usar textos reales me pareció inteligentísimo de parte del director. Esos mismos textos solemnes convertidos en delirio, en música, en belleza.

Foto por Irish Suarez

Saraos Uranistas es una especie de musical, pero es también una fiesta rarísima. Y lo digo como el mayor de los elogios.

La puesta es exquisita. El vestuario merece mil puntos aparte. Tocados, pelucas, maquillaje, telas, zapatos, un universo elegante y espectacular que por momentos parece salido de un cabaret, por momentos de una fantasía y por momentos de una pesadilla desorbitada.

Por otra parte, las actuaciones todas (TODAS) son muy, muy buenas. Quiero detenerme especialmente en Lucía Adúriz, que construye lo queer desde un lugar raro, extravagante, incómodo, divertido, amoroso, creativo y profundamente humano al mismo tiempo. No convierte la diferencia en caricatura ni necesita volverla solemne para que importe. Hay una empatía enorme en esa rareza. Y hay, sobre todo, una actriz increíble sosteniéndola.

Foto por Irish Suarez

También está Payuca en escena. Y para mí su presencia abre otra conversación que excede a esta obra. Hablamos muchísimo de representar la diversidad. Pero representar la diversidad no es solamente contar historias sobre personas diversas. También es darles trabajo. Trabajo arriba del escenario y detrás de él.

Durante años naturalizamos ver a varones cis disfrazándose de mujeres para interpretar personajes trans. Como si las personas trans no existieran. O como si no hubiera actrices trans con el talento suficiente para interpretar sus propias historias. Spoiler: existen y son talentosísimas. Por eso ver a Payuca ahí no es un detalle menor. Es parte de lo que significa que la diversidad deje de ser solamente un tema que contamos y empiece a ser también una oportunidad concreta para quienes históricamente quedaron afuera de los lugares donde esas historias se producen.

Hay además algo que amo del teatro independiente y que Saraos Uranistas conserva incluso después de haber crecido y pasado por distintas salas: esa garra escénica difícil de definir pero facilísima de reconocer, ese darlo todo en cada función sin piloto automático. Muchas veces el mainstream gana presupuesto, escala y espectacularidad, pero pierde un poquito de eso en el camino.

La obra está en el Teatro Maipo, los martes a las 20.30hs. Entradas disponibles en Plateanet.

Foto por Irish Suarez