Vida independiente y discapacidad: empleo, vivienda y apoyos para elegir cómo vivir
En el marco de los 20 años de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, la Jornada de Vida Independiente 2026 organizada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires reunió a más de 2000 referentes de organizaciones, empresas y organismos públicos para compartir experiencias y debatir sobre las condiciones necesarias para que las personas con discapacidad puedan desarrollar sus propios proyectos de vida.

Acceder a un empleo, elegir dónde vivir, participar en la comunidad y tomar decisiones sobre la propia vida son dimensiones que se relacionan entre sí. Para que esas posibilidades se conviertan en derechos efectivos, hacen falta oportunidades concretas, entornos accesibles y redes de apoyo que respeten la autonomía de cada persona.
Estos fueron algunos de los ejes de la Jornada de Vida Independiente 2026, organizada por la Subsecretaría de Discapacidad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires el 27 de octubre. El encuentro incluyó cuatro paneles sobre empleo y autonomía económica, vivienda y apoyos para vivir en comunidad, tecnología y accesibilidad, y herramientas para fortalecer los sistemas de apoyo. También hubo talleres, stands institucionales y actividades recreativas.

La apertura estuvo a cargo de Clara Muzzio, vicejefa de Gobierno porteño, quien presentó el programa Vivienda para la Vida Independiente. La iniciativa propone destinar inmuebles a viviendas de entrenamiento para personas con discapacidad, mediante un esquema que articula al Estado, empresas privadas y organizaciones de la sociedad civil.
“El Estado pone la propiedad a disposición, una empresa financia la remodelación, la reforma y la adaptación necesaria, y una organización de la sociedad civil administra y acompaña a quienes van a vivir en ella”, explicó Muzzio. El objetivo es que las personas puedan aprender y desarrollar habilidades para la vida cotidiana, como cocinar, hacer compras, administrar dinero, sostener rutinas y compartir responsabilidades.
El empleo como puerta a la autonomía
Durante la conversación entre Muzzio y Fernando Polack, médico infectólogo y creador de Alamesa, éste compartió la experiencia del restaurante como espacio de trabajo e inclusión para personas con discapacidad intelectual. Según explicó, el trabajo, permite construir vínculos, asumir responsabilidades y ocupar un lugar diferente dentro de la dinámica familiar: “Un emprendimiento de esta naturaleza te da un montón de recursos para salir a la vida. Tenés tu equipo, tenés tus amigos, tenés tu sueldo, podés salir a comprar”, señaló.

El primer panel, “Oportunidades reales para la vida independiente”, moderado por Sofía Torroba, subsecretaria de Discapacidad, abordó las barreras que persisten en el mercado laboral y el papel de las empresas en la generación de oportunidades.
Por su parte, Álvaro García Resta, presidente de la Sociedad Central de Arquitectos y autor de Ciudades azules, compartió cómo la experiencia de criar a su hijo Manolo, de 10 años, transformó su manera de observar la ciudad y sus espacios. Así, impulsó una reflexión sobre cómo diseñar entornos que contemplen otras formas de percibir y habitar. Su planteo invitó a revisar las ideas preconcebidas sobre las personas autistas y a pensar los espacios públicos desde las experiencias y necesidades de quienes los utilizan.
Gabriel Marcolongo, fundador y CEO de Incluyeme.com, puso el foco en las barreras que todavía dificultan el acceso al empleo. Según expuso, en América Latina se estima que viven alrededor de 85 millones de personas con discapacidad y tres de cada cuatro no logran acceder al mercado laboral. Para avanzar, propuso que las organizaciones trabajen con datos, revisen sus procesos de selección y garanticen la accesibilidad y los ajustes razonables.

Además, recordó que “un ajuste razonable no solamente implica una persona con discapacidad, sino también a quienes trabajan y son parientes de una persona con discapacidad, y que muchas veces tienen que acompañar a esa persona para que pueda hacer su tratamiento”.
El panel también contó con la participación de Karina Vannini, de Accenture, quien presentó la experiencia del programa Sin Barreras, desarrollado durante 20 años. Según explicó, más de 350 personas participaron de la iniciativa, que se extendió a las distintas oficinas de la compañía.
Vannini destacó que la selección debe centrarse en las capacidades de cada persona y que el acompañamiento no termina con la contratación. La empresa trabaja con herramientas de accesibilidad, ajustes en los puestos y procesos, formación de líderes y acciones para consolidar una cultura inclusiva.
Viviendas y redes para construir proyectos de vida
El segundo panel, “Iniciativas que amplían las oportunidades de vivir con autonomía y apoyos”, moderado por Hernán Reyes, director ejecutivo del Consejo de Planeamiento Estratégico, reunió experiencias que buscan responder a una pregunta central para muchas familias: cómo garantizar alternativas de vivienda y acompañamiento para cuando los padres ya no estén.
Guillermo Cerviño, presidente de Banco COMAFI, relató el origen de un proyecto familiar que permitió transformar dos propiedades en espacios destinados a acompañar a personas con discapacidad. La iniciativa surgió de la inquietud por generar alternativas para que jóvenes con discapacidad aprendan a vivir con mayor autonomía.
Una de las etapas del proyecto ya funciona como espacio de formación cotidiana, con actividades vinculadas con oficios y habilidades para la vida diaria. La propuesta incluye aprendizajes sobre alimentación, seguridad, higiene, convivencia y desarrollo de capacidades que pueden contribuir a una mayor autonomía.
Victoria Schwartz, fundadora y presidenta de FUNDI Argentina, presentó el proyecto de viviendas que la organización desarrolla en Benavídez, destinado a jóvenes y adultos con discapacidad intelectual y del desarrollo que requieren apoyos permanentes.
La propuesta contempla 22 departamentos, un programa de actividades individualizadas y espacios abiertos a la comunidad. Para diseñarla, el equipo visitó 12 experiencias en Estados Unidos, España e Israel y recogió aprendizajes que busca adaptar al contexto local.
Schwartz explicó que el diseño de este tipo de iniciativas requiere definir con claridad a quiénes están destinadas, dónde funcionarán, qué formato tendrán y cuáles serán los apoyos necesarios. También destacó la importancia de planificar su sostenibilidad a largo plazo, con distintas fuentes de financiamiento, equipos profesionales formados y modelos de gobierno que no dependan de una sola persona. “Lo que queremos es que cada persona y su familia puedan elegir dónde y cómo vivir”, sintetizó.
Carina Morillo, cofundadora y vicepresidenta de Fundación Brincar, compartió la experiencia de una vivienda que comenzó a funcionar en 2021 y que permite a jóvenes autistas desarrollar habilidades, vínculos y experiencias fuera del hogar familiar.
En la actualidad, la casa recibe semanalmente a 55 jóvenes y ofrece talleres de oficios, recreación, arte y teatro, además de actividades vinculadas con la preparación para el empleo. La organización también trabaja en la formación de los equipos de apoyo y en el acompañamiento a las familias.
Morillo compartió dos indicadores surgidos de las mediciones de calidad de vida que comenzaron a implementar: el 80% de las respuestas señaló que las personas nunca o solo a veces participan en grupos de la comunidad, mientras que el 76% indicó que nunca o solo a veces participan en el diseño de su plan individual.
Los resultados, explicó, muestran que todavía hay desafíos para que las personas no solo participen de actividades, sino que también puedan decidir sobre aspectos centrales de su vida. “Para que haya calidad de vida tiene que haber calidad de apoyos”, afirmó.
Tecnología accesible desde el diseño
El tercer panel, “Innovación al servicio de la autonomía”, moderado por Tiago Giansily, coordinador de Comunicación de la Subsecretaría de Discapacidad, abordó el aporte de las soluciones tecnológicas a la comunicación, el empleo y la participación social.

Daiana Levín, directora de Accesibilidad de Asteroid, presentó Háblalo, una aplicación gratuita de comunicación aumentativa y alternativa que busca facilitar la interacción de personas que enfrentan barreras para comunicarse. La herramienta puede personalizarse según las necesidades y los contextos de cada usuario. También cuenta con una versión para empresas que buscan mejorar su accesibilidad comunicacional.
Joanna Smink, directora de Aspiritech Argentina, se refirió a las oportunidades laborales para personas dentro del espectro autista a partir de la experiencia de la organización, que brinda servicios tecnológicos y formación para el empleo. Destacó que la autonomía económica requiere no solo acceder a un puesto, sino contar con una remuneración competitiva y con apoyos que favorezcan la continuidad laboral y los vínculos sociales.
La expositora recordó que, al finalizar la educación secundaria, muchas personas se encuentran con un vacío de oportunidades y acompañamiento. Frente a ese escenario, planteó la necesidad de generar puestos que respondan a habilidades concretas y permitan construir un futuro laboral.
Raúl Piola, secretario de Innovación y Transformación Digital de la Ciudad, reconoció que la accesibilidad digital es una de las principales deudas pendientes de los organismos públicos. En ese sentido, planteó que muchas aplicaciones y sistemas de gobierno se desarrollaron en un contexto en el que la accesibilidad no era una prioridad o se consideraba un requisito que podía resolverse al final del proceso.
Piola señaló que, desde hace dos años, el área viene trabajando para revertir esta situación, con el compromiso de generar un cambio concreto en el desarrollo de las herramientas digitales de la Ciudad.
El funcionario también vinculó su mirada con su experiencia personal como padre de un hijo dentro del espectro autista, y señaló que el contacto directo con la discapacidad modifica la forma de comprender las barreras que pueden presentar los entornos y las tecnologías.
“El gran problema sigue siendo ver la accesibilidad como algo que se tiene que agregar al final. Cuando pienso una aplicación, debo pensarla inclusiva, accesible, de entrada”, afirmó. Así, destacó la necesidad de que la accesibilidad forme parte de las decisiones iniciales de diseño y desarrollo, en lugar de quedar supeditada a los tiempos de entrega o a una evaluación posterior.
Un sistema de apoyos centrado en las decisiones de cada persona

El cuarto panel, “Hacia un sistema de apoyos en la Ciudad” -moderado por Karina Guerschberg, directora de Vida independiente e Inclusión económica de la Subsecretaría de Discapacidad– reunió perspectivas sobre el trabajo, la accesibilidad, el diseño de entornos y las herramientas necesarias para ejercer derechos.
Patricia Bollini, directora del Área Laboral de ADEEI, destacó la relación entre inclusión laboral y vida independiente. El trabajo, señaló, genera ingresos, favorece vínculos, permite desarrollar capacidades y contribuye a construir una identidad y un proyecto de vida. También advirtió sobre las consecuencias de que las personas que quieren trabajar no encuentren programas, acompañamientos o apoyos económicos suficientes.
Desde la arquitectura, Diego Tosar, director de MONDO Uruguay, compartió cómo la experiencia con su hijo lo llevó a investigar la relación entre los entornos construidos y las experiencias de las personas autistas. A partir de entrevistas con familias y personas dentro del espectro, propuso cambiar el paradigma de diseño: en lugar de crear soluciones pensando primero en la mayoría y sumar adaptaciones después, planteó proyectar los espacios desde la diversidad de formas de percibir y habitar. Su perspectiva apunta a considerar desde el comienzo factores ambientales que inciden en la experiencia cotidiana, como la acústica, la iluminación y la previsibilidad de los recorridos.
Lucía Burundarena, responsable del Observatorio de la Discapacidad del Consejo de la Magistratura, presentó la experiencia de inclusión laboral en la Justicia de la Ciudad y el trabajo para garantizar la accesibilidad en el ejercicio de derechos. Según detalló, el organismo cuenta con casi un 6% de trabajadores con discapacidad en el total de su planta.
Además de promover el empleo, el Observatorio interviene en expedientes judiciales cuando se vulneran derechos de personas con discapacidad y trabaja para identificar barreras dentro del sistema de Justicia.
María Florio, coordinadora del área de Diversidad funcional del Observatorio de la Discapacidad, por su parte, al hablar de inclusión laboral, propuso cambiar la pregunta que guía los procesos de selección: en lugar de centrarse exclusivamente en si una persona podrá hacer una tarea, “es necesario identificar qué barreras del entorno podrían impedir su participación”, destacó.
La autonomía como derecho y responsabilidad colectiva
El cierre estuvo a cargo de Enrique Galván Lamet, director de Plena Inclusión España, quien reflexionó sobre el capacitismo, los sesgos y los desafíos para construir sistemas de apoyo basados en los derechos.

Galván Lamet señaló que las barreras no siempre son explícitas: también se expresan en decisiones cotidianas, en actividades diseñadas solo para quienes pueden participar sin adaptaciones y en la falta de reconocimiento de los intereses y capacidades de cada persona. “El capacitismo es el bloqueo de las oportunidades de muchas personas”, advirtió. También llamó a incorporar una mirada interseccional que contemple cómo la discapacidad puede combinarse con otras desigualdades, vinculadas con el género, la pobreza o la pertenencia a colectivos racializados.
El especialista propuso pensar los apoyos desde la interdependencia: todas las personas necesitamos de otras, y esa condición no contradice la autonomía. Por el contrario, los apoyos deben favorecer las decisiones propias, reconocer las necesidades individuales y construirse en un marco de confianza.
En ese sentido, planteó la importancia de avanzar desde modelos institucionales hacia servicios en la comunidad, con un enfoque centrado en la persona y en el derecho a elegir cómo vivir. También remarcó que estos procesos requieren la participación de las propias personas con discapacidad y no pueden definirse de manera unilateral.
