Dónde están los mamógrafos y quiénes pueden acceder: el mapa que busca achicar las brechas en la detección temprana
El primer Mapa Mamográfico del sector público identificó 404 equipos en 375 establecimientos de 23 provincias, de los cuales 328 estaban operativos al momento del relevamiento. El estudio de Surcos y Fundación Instituto Natura muestra que el desafío no pasa solo por contar con tecnología disponible, sino por garantizar turnos, seguimiento y acceso efectivo en todo el país.

En la detección temprana del cáncer de mama, contar con equipamiento es una condición necesaria, pero no suficiente. Que exista un mamógrafo en una provincia no significa necesariamente que una mujer pueda acceder a un turno, realizarse el estudio, recibir el resultado y continuar, si fuera necesario, con el circuito de atención.
Esa dimensión del acceso -y las desigualdades que pueden aparecer a lo largo de ese recorrido- está en el centro del primer Mapa Mamográfico del sector público de Argentina, presentado por la Asociación Civil Surcos y Fundación Instituto Natura. El relevamiento permite conocer, por primera vez de manera sistematizada, dónde están los equipos, en qué condiciones funcionan y qué recursos tiene la red pública para sostener las estrategias de detección temprana del cáncer de mama.
El estudio identificó 404 mamógrafos distribuidos en 375 establecimientos públicos de 23 provincias. De ese total, 328 se encontraban operativos al momento del relevamiento y constituyen una parte central de la capacidad de tamizaje para la población que no cuenta con cobertura médica privada.
El dato permite cambiar la pregunta: no se trata solamente de cuántos mamógrafos tiene Argentina, sino de cuánto de esa capacidad instalada se convierte efectivamente en acceso.
“Durante mucho tiempo discutimos la detección temprana sin saber con qué recursos contábamos realmente. Hoy sabemos dónde están los equipos, en qué estado y cómo se organiza el acceso a su alrededor”, señaló Alejandra Sanchez Cabezas, directora de Surcos.
¿Cómo promover el acceso efectivo?
El relevamiento muestra que existe una red pública con capacidad para ampliar la oferta, pero también identifica oportunidades concretas para aprovechar mejor los recursos disponibles.

Por ejemplo, 29 establecimientos cuentan actualmente con dos mamógrafos funcionando en simultáneo, una situación que podría traducirse en una mayor disponibilidad de turnos. A esto se suma que la mitad de los centros participa regularmente de programas de tamizaje, lo que indica que la búsqueda activa de pacientes ya está instalada en una parte significativa de la red.
La disponibilidad de tecnología tampoco es homogénea. El 26% de los equipos públicos son de última generación, incorporados entre 2020 y 2024. En cuanto al tipo de tecnología, el 47% de los mamógrafos utiliza tecnología digital indirecta (CR), mientras que el 39% cuenta con tecnología digital directa (DR), que ofrece mayor calidad diagnóstica y permite trabajar con una menor dosis de radiación.
El mantenimiento y los controles también forman parte de la ecuación del acceso: el 66% de los centros tiene sus controles de calidad y habilitaciones al día.
Para las organizaciones responsables del estudio, estos datos muestran que una parte importante de la respuesta no necesariamente requiere incorporar nuevos equipos, sino gestionar y conectar mejor lo que ya existe: ampliar turnos allí donde hay capacidad disponible, reparar equipos fuera de servicio y fortalecer los circuitos que permiten que una persona no quede fuera del sistema.
“Tomar decisiones concretas: otorgar nuevos turnos donde hay capacidad ociosa, reparar donde hay equipos detenidos, conectar donde la infraestructura ya existe”, planteó Sanchez Cabezas.
La equidad también se juega después de la mamografía
La detección temprana no termina cuando la persona se realiza el estudio. Para que el sistema sea realmente accesible, es necesario que la información circule, que los antecedentes estén disponibles y que pueda identificarse quién necesita continuar con la atención.
En este sentido, el 66% de los centros públicos cuenta con historia clínica informatizada y prácticamente la mitad tiene sus registros conectados con el resto de la red provincial. Además, el 50% de los establecimientos está incorporado al SITAM, el Sistema de Información de Tamizaje que permite registrar y seguir los estudios a nivel nacional.
La trazabilidad resulta especialmente relevante desde una perspectiva de equidad: cuando una persona se atiende en distintos establecimientos o debe continuar su recorrido en otro nivel del sistema, la posibilidad de recuperar sus antecedentes y saber qué estudio necesita puede ser determinante para evitar interrupciones.
El relevamiento también identificó 157 unidades asistenciales con infraestructura suficiente para integrar las imágenes mamográficas al registro digital, aunque su utilización efectiva todavía es incipiente. Activar esta capacidad permitiría, entre otras cosas, facilitar segundas lecturas, consultas a distancia y auditorías clínicas sin necesidad de realizar nuevas inversiones en equipamiento.
Un mapa de las desigualdades territoriales
El relevamiento evidencia, al mismo tiempo, que la capacidad institucional y sanitaria no se distribuye de manera uniforme entre las jurisdicciones.
Aunque 23 de las 24 provincias participaron del estudio, existen diferencias en el desarrollo de sus estructuras, programas y sistemas de información. Cinco jurisdicciones -Buenos Aires, Entre Ríos, Misiones, Neuquén y Santa Fe- alcanzan niveles altos en el Índice de Jerarquía Institucional, que combina la fortaleza de las estructuras organizativas con la existencia de marcos normativos vigentes.
Argentina cuenta con un marco legal significativo: 20 de las 24 provincias adhirieron a las leyes nacionales vinculadas al cáncer de mama y 18 cuentan con programas específicos creados por ley o decreto. El desafío, entonces, es que ese reconocimiento institucional pueda traducirse en capacidad efectiva de cuidado, independientemente del lugar donde viva cada persona.
La heterogeneidad también aparece al observar el subsector de obras sociales y privado. El mapa identificó allí 1.094 mamógrafos, pero no existe actualmente un registro público consolidado que permita conocer de manera sistemática su localización, disponibilidad y contribución al tamizaje.
Esta falta de información también representa un desafío para la equidad. En algunas regiones, el sector público continúa siendo el único prestador efectivo de este tipo de estudios, por lo que conocer la capacidad existente en todos los subsectores podría abrir nuevas posibilidades de articulación.

Construir información para reducir brechas
Para Florencia Mezzadra, gerenta de Fundación Instituto Natura, contar con evidencia federal es un punto de partida para diseñar políticas con mayor impacto. “Afrontar una problemática de la magnitud del cáncer de mama nos exige contar con un diagnóstico federal confiable”, afirmó. Y agregó que la articulación entre el Estado, la sociedad civil y el sector privado puede contribuir a generar oportunidades concretas de detección temprana.
El Mapa Mamográfico fue elaborado a partir de un relevamiento realizado entre agosto y diciembre de 2024, con una etapa de validación durante 2026. En el sector público se relevaron 37 variables equipo por equipo y se realizaron más de 40 entrevistas técnicas con equipos de gestión provinciales para reconstruir los circuitos reales de tamizaje.
El resultado es una fotografía de la capacidad instalada, pero también una herramienta para identificar dónde están las barreras y dónde existen oportunidades de mejora.
Porque la equidad en la detección temprana no se define únicamente por la existencia de un mamógrafo. Se juega en la posibilidad concreta de conseguir un turno, en que el equipo funcione, en la disponibilidad de profesionales, en la cercanía territorial, en que los resultados sean registrados y en que el sistema pueda acompañar a cada persona en los pasos siguientes.
Como sintetizó Sanchez Cabezas, el próximo desafío es entender qué sucede del otro lado del equipamiento: “qué recorre una mujer desde que decide hacerse una mamografía hasta que tiene un resultado en la mano”. Es precisamente en ese recorrido donde la infraestructura se transforma -o no- en acceso real y donde las políticas de detección temprana pueden hacer la diferencia.
