Jóvenes sin estereotipos: qué revelan sus decisiones sobre el trabajo y el futuro

El estudio Reflecting Youth, de Fundación Forge, analizó las interacciones de más de 150.000 jóvenes de ocho países de América Latina con experiencias digitales diseñadas para explorar cómo toman decisiones, qué valoran, qué experiencias acumulan y qué obstáculos encuentran al momento de proyectarse. Los resultados muestran una generación atravesada por tensiones: busca resultados, pero también vínculos; tiene más experiencia de la que reconoce y, al mismo tiempo, enfrenta dificultades para dar el primer paso.

Reflecting Youth es un estudio desarrollado por Fundación Forge a partir de la interacción real de más de 150.000 jóvenes de América Latina con experiencias digitales on-demand. A diferencia de una encuesta tradicional, la propuesta buscó observar comportamientos y elecciones en situaciones concretas, cuando las personas no sienten que están siendo evaluadas. El estudio reunió información de jóvenes de Argentina, Chile, México, Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay y otros países de la región.

Más que construir un nuevo perfil generacional cerrado, el informe encuentra tensiones y contradicciones. La mitad de los jóvenes se inclina por analizar y planificar antes de actuar, mientras que la otra mitad prefiere el cambio, el riesgo y la respuesta rápida. Frente a las reglas, aparece una posición intermedia: cuestionar y explorar nuevas formas de hacer las cosas, pero sin romper completamente con lo establecido.

Un trabajo ideal que no se define solamente por el sueldo

En el ámbito laboral, los resultados cuestionan algunas ideas instaladas sobre las nuevas generaciones. Cuando se les pregunta qué debería tener un trabajo para ser ideal, el buen ambiente aparece en primer lugar, con 31%, seguido por crecimiento (15,6%), compañerismo (14,4%) y buen salario (14,2%). También aparecen oportunidades, respeto y flexibilidad.

El dato no implica que el salario o la estabilidad no sean relevantes, sino que no ocupan el primer lugar cuando los jóvenes describen qué buscan en una experiencia laboral. El informe señala que el empleo aparece asociado especialmente al vínculo, el desarrollo y las posibilidades de crecimiento.

La relación con el futuro profesional tampoco parece estar centrada exclusivamente en ascender. Entre las respuestas sobre cómo se imaginan dentro de dos o tres años aparecen crecer profesionalmente (10,6%), cumplir metas (7,2%), estudiar más (6,7%) y alcanzar estabilidad laboral (6,6%). Liderar un equipo representa 2,9% de las respuestas.

La experiencia que no llega al CV

Uno de los hallazgos del estudio es que muchos jóvenes tienen experiencia, pero no necesariamente la reconocen como tal. Casi 8 de cada 10 participantes declaró haber tenido alguna experiencia de trabajo informal, remunerada o no. Además, 63% cuidó niños u otras personas, 44% participó de actividades de voluntariado o acción social y 45% colaboró en actividades vinculadas con reciclaje o cuidado ambiental.

Detrás de esas actividades aparecen competencias que suelen ser requeridas en el mundo laboral: resolución de problemas, empatía, trabajo en equipo, responsabilidad, adaptabilidad, manejo del tiempo y paciencia. El desafío, plantea el estudio, está en poder traducir esas experiencias a un lenguaje que permita reconocerlas como capacidades.

El informe también advierte sobre su dimensión de género: las tareas de cuidado recaen de manera desproporcionada sobre las mujeres jóvenes y pueden afectar sus oportunidades educativas y laborales.

Una generación que busca contribuir

La participación social aparece como otra dimensión relevante. El 44% de los jóvenes relevados manifestó haber realizado alguna actividad de voluntariado o acción social, mientras que 45% participó en actividades de reciclaje o cuidado del ambiente.

El estudio interpreta estos resultados como señales de una generación que no organiza todo su tiempo alrededor del trabajo remunerado y que también encuentra valor en actividades comunitarias, ambientales y de contribución a otras personas.

Esto también dialoga con la forma en que se describen a sí mismos. Cuando se les pregunta cómo los describirían sus amigos, aparecen principalmente características como ser responsables o comprometidos (22,4%), sociables, alegres o divertidos (20,7%), leales o confiables (14,3%) y solidarios (10,1%).

La diferencia es interesante: cuando hablan sobre sí mismos puede resultar difícil reconocer fortalezas; cuando las expresan desde la mirada de otras personas, aparecen con mayor claridad dimensiones vinculadas con el vínculo, la confianza y la solidaridad.

Lo que los frena

El otro lado de la investigación aparece cuando los jóvenes tienen que dar el primer paso. Entre 31.251 respuestas, los principales obstáculos identificados fueron la procrastinación (33%), el perfeccionismo (27%), la negatividad anticipada (23%) y el optimismo desmedido (18%).

La procrastinación aparece, además, vinculada con la dificultad para iniciar y sostener una tarea: 32% afirma que suele dejar una tarea importante para el final aun sabiendo que eso le traerá problemas. Frente a un resultado negativo, otro 32% dice desanimarse y pensar que no es bueno para aquello que intentaba hacer.

En el informe, estos comportamientos son asociados con dificultades para gestionar emociones como el aburrimiento, la ansiedad o la inseguridad frente al inicio de un proyecto. El 54% describe una situación de “parálisis por el idealismo”: la exigencia de hacerlo bien puede terminar dificultando directamente el comienzo.

El estudio muestra que no existe una única forma de ser joven: planificación y espontaneidad conviven, así como ambición y necesidad de bienestar, autonomía y vínculo, experiencia y dificultad para reconocerla. Más que una generación homogénea, los datos describen trayectorias diversas atravesadas por un contexto regional de incertidumbre.

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