Seguridad en el trabajo:  el valor de gestionar la prevención del riesgo desde la diversidad

Por Silvina Alonso

Adaptar el diseño a personas diversas no solo evita accidentes, también mejora la productividad y el bienestar en entornos laborales. Especialistas de FADE, Provincia ART y UOCRA analizan cómo la ergonomía moderna y la tecnología ayudan a cambiar el modelo del “trabajador estándar”.

Si un entorno laboral seguro y saludable es un derecho fundamental, reconocer la diversidad en la fuerza laboral es un requisito indispensable para hacerlo realidad. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cada año mueren en el mundo 2,93 millones de personas por factores laborales y 395 millones sufren accidentes. Frente a este panorama, el diseño de los puestos de trabajo, los equipos de protección y sistemas de seguridad se ha basado tradicionalmente en un «trabajador promedio», referenciado en un hombre adulto, sin discapacidad y de determinadas características antropométricas y culturales.

“El problema es que el mundo del trabajo real no está compuesto por personas estándar. Hoy conviven en una misma organización mujeres, personas mayores, trabajadores migrantes, personas con discapacidad, personas neurodivergentes, personas con diferentes contextos culturales, físicos y cognitivos. Si los sistemas de prevención no contemplan esa diversidad, entonces dejan de proteger correctamente a una parte importante de la población trabajadora”, advierte Sebastián Astorino, presidente de la Fundación Argentina de Ergonomía (FADE).

También la subgerenta de Prevención de Provincia ART, Verónica Domínguez Pousada, remarca la importancia de ese abordaje en el campo de la seguridad en el trabajo: “Pensemos en algo tan simple como las alarmas contra incendios, en general sonoras, cuando en la fuerza laboral tenemos personas sordas e hipoacúsicas. Solo con sonido no se enteran y dependen de otras que las alerten. Así es como aparecen las alarmas que combinan sonido con luces”. Otro ejemplo que destaca es el de BMW que, a través de impresión 3D, diseñó guantes con refuerzo de pulgar a la medida de la mano de cada trabajador y trabajadora.  De esta forma, buscaron evitar los cortes y sobre-esfuerzos que se producían al encajar las piezas mediante presión con el dedo pulgar.

“Este caso ilustra cómo hoy tenemos el conocimiento y la tecnología para incorporar la diversidad a la gestión de riesgos. Si no lo hacemos es más por un tema de falta de decisión y también, no menor, un tema de costos (con una mirada de corto plazo)”, subraya.

Personas diversas, riesgos diferenciados

¿Qué sucede cuando seguimos pensando en trabajadores estándar? “Aparecen riesgos muy concretos y muchas veces invisibilizados”, alerta el representante de FADE. Y enumera algunos ejemplos: herramientas demasiado grandes para manos pequeñas, elementos de protección personal que no ajustan correctamente al cuerpo femenino, puestos de trabajo diseñados para determinadas alturas, señalización que no contempla barreras idiomáticas o cognitivas, alarmas que dependen únicamente de estímulos sonoros o visuales, etc.

“Cuando se diseña desde la homogeneidad, aumentan los errores, la fatiga, el estrés, la carga física y mental, los trastornos musculoesqueléticos y también los accidentes laborales. Pero además hay un impacto psicosocial importante: las personas sienten que el entorno no fue pensado para ellas. Y eso genera exclusión, desmotivación y pérdida de bienestar”, afirma Astorino.

La subgerenta de Prevención de Provincia ART propone analizar el caso del transporte público o de carga, donde quienes conducen son mayoritariamente hombres y con edades jubilatorias (al menos en Argentina) inferiores a las de otras actividades. “Cuando la fuerza laboral se vuelve más diversa y buscamos abrir estos trabajos a mujeres, por ejemplo, tenemos que pensar otras cuestiones. Generalmente, no manejan en el último trimestre del embarazo, ¿qué otras tareas pueden realizar en ese período? O cuando el puesto de chofer combina tareas de conducción con tareas de manipulación de carga, la mujer tiene -en general- una menor capacidad de levantar peso, entonces deberíamos incorporar ayudas mecánicas, como zorras u otros dispositivos.

Tengamos en cuenta que los límites de carga recomendados suelen estar estandarizados sobre el cuerpo masculino entonces, corregir esto, no es ayudar a la mujer, es corregir un error de diseño original”.

También apunta que “las personas mayores (cada vez más presentes en la fuerza laboral por la extensión de la esperanza de vida, el deseo de permanecer activos y la necesidad económica), quizás puedan ver afectada su visión o sus reflejos, pero sensores y otros dispositivos electrónicos permitirían compensarlo”. Por ende, Domínguez Pousada considera que “cualquiera de esas medidas que hagan el puesto más seguro para una ‘minoría’, también lo hacen más sano y seguro para el ocupante estándar: el conductor varón joven que ahora se vale de un sensor o de un asistente inteligente de conducción para evitar salirse de carril cuando está cansado”.

La mirada de Uocra

Otra de las actividades fuertemente masculinizadas es la construcción, que además es un sector crítico respecto a la accidentabilidad laboral.  La incorporación de mujeres llevó a la Unión Obrera de la Construcción a realizar capacitaciones y publicar manuales sobre prevención laboral y espacios de trabajo seguros con perspectiva de género, entre otras acciones, a través del Departamento de Salud y Seguridad en el Trabajo (SST) y de UOCRA Mujeres.

“Ponemos en el centro de nuestros programas y actividades el cuidado de la salud de las personas que trabajan, que, necesariamente, deben incorporar las dimensiones sobre diversidad, equidad e inclusión”, resalta el coordinador de SST, Mauro Posada. Al respecto, agrega que el objetivo está puesto en la detección temprana de los riesgos laborales, así como en la aplicación y el monitoreo de las medidas de control.

UOCRA

Además de la visión general sobre los puestos de trabajo, su entorno y riesgos potenciales, el área de SST lleva a cabo un análisis particular que incluye especificidades de las personas que trabajan (condiciones sociales, mentales y físicas). “Incorporar realmente la dimensión de diversidad es trabajar bajo el supuesto que trabajadores y trabajadoras, expuestos ante el mismo evento, no tienen idénticos umbrales de protección”, subraya Posada.

A partir de esa mirada integral –y respaldándose en la normativa vigente, las buenas prácticas y la acción sindical- se impulsan mejoras en la prevención para reducir la siniestralidad laboral y las enfermedades profesionales. En este proceso, la organización del trabajo y la ergonomía son dos de los principales ejes de análisis para incluir condiciones particulares y evaluar las medidas a aplicar. Por ejemplo, tener en cuenta la inclusión de pausas de descanso en los turnos; contemplar posibles ajustes propios del puesto de trabajo; hacer una evaluación de las condiciones físicas de quienes trabajan en altura o en espacios confinados; observar las mismas condiciones cuando las personas trabajan en el transporte de carga manual, etc.

“Entendemos que el análisis de los riesgos laborales y las medidas de control debe siempre estar acompañado por el análisis físico, mental y social de las personas que trabajan. Contemplar estas características es dar un salto efectivo en la integración laboral para compañeros y compañeras hacia la igualdad de oportunidades en la actividad de la construcción”, concluye Posada.

Hacia un cambio en la prevención

El desafío es pasar de una prevención generalista a una prevención centrada en las personas “reales”. “Incorporar una mirada DEI implica diseñar procesos, herramientas, capacitaciones y entornos contemplando distintas capacidades físicas, cognitivas, sensoriales, culturales y sociales. Esto mejora la accesibilidad, la comprensión de los riesgos, la participación y la eficacia preventiva”, remarca el presidente de FADE. Y agrega que una estrategia preventiva inclusiva no solamente reduce accidentes y enfermedades laborales, también mejora productividad, clima laboral, compromiso y sostenibilidad organizacional.

En la misma sintonía, la subgerenta de Prevención de Provincia ART subraya que “cualquier mejora que hagamos pensando en ‘la diversidad’ no es algo aislado, es algo que nos beneficia a todos. Si tenemos EPP ergonómicos y personalizados pensando en las trabajadoras mujeres, también se benefician los varones de baja estatura, o más delgados o más corpulentos. Si incorporamos ayudas mecánicas para la persona trabajadora con menor capacidad física, también estamos cuidando la salud a largo plazo de la persona trabajadora más fuerte”.

Sin embargo, ambos reconocen que todavía existen resistencias relacionadas con el desconocimiento técnico y la “falsa” idea de que este cambio de estrategia es un costo y no una inversión. A eso se suman algunos sesgos culturales que continúan arraigados en el mundo laboral.

“Todavía vemos organizaciones donde se sigue pensando que ‘siempre se trabajó así’ o que todas las personas deben adaptarse al sistema existente. Ese enfoque hoy quedó obsoleto. Las nuevas generaciones de trabajadores y trabajadoras tampoco se lo bancan y eso es bueno”, advierte Astorino. En coincidencia, Domínguez Pousada dice que frases como «siempre se hizo así, para qué cambiar si estamos bien, acá nunca pasó nada», en lugar de normalizar una situación tendrían que prender las alertas: “Siempre se hizo así, pero ¿no podemos hacerlo mejor? Entonces por qué no intentarlo”.

Además de brindar sus visiones respecto de los sistemas de salud y seguridad en el trabajo, Astorino y Domínguez Pousada compartieron algunas experiencias que desarrollan en sus organizaciones:

  • Provincia ART: La inclusión de las mujeres fue abordado con capacitaciones, sensibilizaciones, una investigación sobre el género y la profesión de higiene y seguridad en Argentina y la elaboración de una guía de prevención con perspectiva de género. Contemplando la incorporación de personas con discapacidad en los equipos, se desarrollan webinars con intérprete en lengua de señas y cartelería y señalética en Braille. También cuentan con medios para evacuar a personas con movilidad reducida en forma segura. Además, el Comité de Sustentabilidad lanzó la primera investigación sobre riesgos psicosociales, salud mental y la profesión de higiene y seguridad que permitirá “generar espacios de discusión y herramientas prácticas para construir entre todos ambientes de trabajo más sanos y seguros”.
  • Fundación Argentina de Ergonomía: Se impulsa una visión de ergonomía moderna, inclusiva y centrada en las personas a través de la formación profesional, investigación, asesoramiento técnico, contenidos de divulgación y proyectos vinculados a ergonomía, factores psicosociales y accesibilidad laboral. También se promueve la incorporación de perspectiva de género, discapacidad e inclusión dentro de los sistemas de prevención y, a través de la Escuela Argentina de Ergonomía, se capacita a profesionales de toda Latinoamérica.  “Los desafíos son muy similares en toda la región: adaptar operaciones, tecnologías y sistemas preventivos a una fuerza laboral cada vez más diversa”. sostiene Astorino. Es una tarea que él mismo se plantea desarrollar coordinando el área de ergonomía de Mercado Libre para 120.000 colaboradores en toda Latinoamérica.

En definitiva, la diversidad humana no es una excepción dentro del mundo del trabajo, es la norma. “La inclusión no puede quedar solamente en un discurso institucional. Tiene que traducirse en decisiones concretas de diseño, organización del trabajo y prevención de riesgos”, sostiene el presidente de FADE. “Desde la ergonomía moderna trabajamos bajo un principio fundamental: adaptar el trabajo a las personas reales y no exigir que las personas se adapten a diseños pensados para un trabajador ‘promedio’ que, en la práctica, muchas veces nunca existió”, concluye.