“Hay que combatir la romantización del emprendimiento femenino y visibilizar los costos ocultos de la autonomía”

Con más de 24 años de trayectoria en Brasil, el Instituto Consulado da Mulher impulsa la inclusión socioproductiva de mujeres a través de una metodología que combina capacitación, mentoría, capital semilla y acceso a redes y mercados. Su trabajo fue distinguido con una mención de honor en la categoría LATAM de los Premios FLOR 2026. Conversamos con Adriana Carvalho, directora ejecutiva de la organización, sobre el modelo de impacto que desarrollan, los desafíos que plantea la autonomía económica de las mujeres y las oportunidades que abre este reconocimiento.

– ¿Qué significa para ustedes este reconocimiento y qué lugar ocupa dentro del camino que vienen haciendo en diversidad e inclusión?

Recibir la mención de honor en la categoría LATAM del Premio FLOR es un hito sumamente significativo para nosotros. El Consulado da Mulher actúa desde hace más de 24 años en Brasil con el apoyo de Whirlpool Corporation, titular de las marcas Brastemp, Consul y KitchenAid en Brasil, como principal inversor social. Ver nuestra metodología reconocida internacionalmente consolida una premisa fundamental de nuestro trabajo: no existe desarrollo económico sostenible sin enfrentar la desigualdad de género y la sobrecarga del trabajo doméstico.

Dentro de nuestra trayectoria, este premio ocupa el lugar de validación y amplificación. Demuestra que el modelo de inclusión socioproductiva que desarrollamos en Brasil dialoga directamente con los desafíos que enfrentan las mujeres en toda América Latina.

– ¿Qué crees que reconoció el jurado como principales fortalezas de su postulación?

Creo que es una combinación entre rigor de datos, metodología y sostenibilidad de nuestro modelo de impacto.

No tratamos el nanoemprendimiento simplemente como «un negocio pequeño que necesita crecer», sino como una estructura específica de organización económica y de supervivencia de la mujer.

No tratamos el nanoemprendimiento simplemente como «un negocio pequeño que necesita crecer», sino como una estructura específica de organización económica y de supervivencia de la mujer.

Actuamos sobre cuatro pilares integrados: capacitación técnica y socioemocional, mentoría, capital semilla y conexiones con redes y mercados. Mostramos evidencias concretas de ese impacto: en 2024, las emprendedoras asesoradas por el Consulado registraron un aumento promedio del 55 % en sus ingresos, un crecimiento del 97 % en la facturación de sus negocios y, en nuestra última encuesta sobre el impacto de los programas, el 82 % declaró haber percibido tanto desarrollo profesional como personal. Esta capacidad de transformar indicadores socioeconómicos sin duda se destacó.

– ¿Cómo fue el recorrido desde que decidieron presentarse hasta conocer el resultado?

El proceso de postulación fue un ejercicio analítico valioso para nuestro equipo. Para estructurarlo, miramos de forma integrada nuestros 24 años de historia y a las más de 44 mil personas beneficiadas.

El punto más enriquecedor fue sistematizar los datos de nuestras encuestas de impacto y ver cómo nuestra labor en Brasil refleja diagnósticos regionales más amplios de América Latina. Además, conocer la calidad y el nivel de compromiso de las demás iniciativas nos inspiró profundamente y confirmó la fuerza del ecosistema de diversidad, equidad e inclusión que se está consolidando en la región.

– Después de atravesar la experiencia y recibir el premio, ¿qué nuevos desafíos o próximos pasos se les abrieron?

El reconocimiento aporta visibilidad, pero también la responsabilidad de profundizar el debate. Nuestro mayor desafío actual es combatir la romantización del emprendimiento femenino y visibilizar los costos ocultos de la autonomía, como el agotamiento físico y mental generado por la triple jornada y por la economía del cuidado.

Queremos garantizar que la capacitación técnica siempre esté acompañada de apoyo socioemocional, inversiones y conexiones, brindando condiciones para la generación de ingresos y asegurando que el desarrollo no se dé a expensas de la salud de las mujeres.

Como próximo paso, buscamos utilizar esta vidriera de la Fundación FLOR para tender puentes e intercambiar metodologías con otras organizaciones latinoamericanas que trabajan en la emancipación económica de las mujeres.

– ¿Qué les recomendarían a otras organizaciones que están pensando en postularse al premio en próximas ediciones?

Nuestra principal recomendación es que las organizaciones crean en la fuerza de su propósito y en el potencial real de las personas a las que apoyan. El premio y el reconocimiento internacional son consecuencias valiosas, pero el verdadero logro radica en generar una transformación concreta en la vida de quienes están en el territorio.

Para quienes desean recorrer este camino, la clave es actuar con consistencia, enfrentando las barreras estructurales de nuestra región y creando caminos reales de autonomía. Postularse vale la pena no solo por la visibilidad, sino porque cada iniciativa que se fortalece ayuda a impulsar una red de impacto socioeconómico urgente y necesaria para toda América Latina.