IDEL: 20 años construyendo puentes hacia la inclusión laboral

Por Stephanie Simonetta

La Fundación IDEL cumple 20 años y atraviesa una etapa de reconversión para ampliar las oportunidades laborales de personas con discapacidad intelectual y psicosocial. Desde el trabajo tercerizado y la producción propia hasta las pasantías en empresas, la organización busca que el taller sea un espacio de formación, desarrollo de competencias y, cuando sea posible, un puente hacia el empleo.

“IDEL nace con la idea de generar espacios de inclusión laboral”, cuenta Myriam Bernardsky, directora ejecutiva de la Fundación IDEL. Dos décadas después, ese propósito continúa vigente, aunque las estrategias para alcanzarlo se fueron transformando.

La organización comenzó desarrollando distintas experiencias laborales hasta formalizarse en 2013 como Taller Protegido de Producción. Actualmente trabaja con personas con discapacidad intelectual y psicosocial en edad económicamente activa y sostiene tres líneas principales: el trabajo tercerizado para empresas, la producción de productos propios y los procesos de acompañamiento para la inclusión laboral en organizaciones.

Para las personas que participan de IDEL, explica Bernardsky, el espacio laboral representa pertenencia, autonomía, vínculos y participación social: “Es parte constitutiva de su vida, lo que los iguala a otros”, sintetiza.

Del taller a las empresas

Una de las líneas que IDEL viene desarrollando es la inclusión de jóvenes en empresas a través de pasantías rentadas, con la Fundación como intermediaria y acompañante del proceso.

El trabajo comienza antes de que la persona llegue al puesto. El equipo conoce la organización, analiza las tareas y el espacio de trabajo, identifica qué perfil puede adecuarse mejor y acompaña los primeros momentos de la incorporación. Luego continúa un seguimiento tanto con la persona como con la empresa para detectar dificultades, ajustar apoyos o reforzar alguna capacitación.

La experiencia con una empresa dedicada a la fabricación de indumentaria interior es uno de los casos que Bernardsky destaca. Los jóvenes que inicialmente realizaban tareas de empaquetado en IDEL comenzaron a hacerlas directamente en la empresa.

El proceso también implicó ampliar progresivamente las responsabilidades: además de empaquetar, aprendieron a registrar cantidades, cerrar cajas y localizar los materiales necesarios para trabajar con mayor autonomía.

Para Bernardsky, una de las claves está en generar condiciones adecuadas y permitir que las capacidades aparezcan en la práctica: “Es desmitificar lo que pueden y no pueden las personas con discapacidad. Entender que si a una persona con discapacidad le das una tarea acorde a sus posibilidades es eficiente”, sostiene.

La Fundación está atravesando actualmente otra experiencia de este tipo con una empresa importadora ubicada en San Justo. Dos jóvenes concurren dos veces por semana y realizan tareas de armado y acondicionamiento de productos.

Trabajo tercerizado: producir, aprender y responder a nuevos desafíos

Mientras desarrolla experiencias de inclusión en empresas, IDEL mantiene una parte importante de su actividad dentro del taller. Allí realiza trabajos tercerizados para distintos emprendimientos y organizaciones: etiquetado, empaquetado, armado de kits, ensamblado, rellenado, plegado, control de calidad y otras tareas que se adaptan a las necesidades de cada cliente.

Entre los trabajos actuales se encuentran el rellenado de almohadones y productos para una empresa de elementos de yoga, el armado y etiquetado de productos y nuevos desafíos como la reparación y reacondicionamiento de pequeños parlantes.

La diversidad de tareas también funciona como una oportunidad de aprendizaje. “Nuestro lema es que hay que desafiarse. Todo el tiempo invitamos a los jóvenes a desafiarse”, cuenta Bernardsky.

La intención es que los propios trabajadores puedan asumir cada vez más responsabilidades: recibir pedidos, organizar materiales, controlar cantidades, preparar entregas o desarrollar determinadas tareas productivas.

Actualmente, IDEL trabaja con un grupo de 24 personas con discapacidad y cuenta además con jóvenes que realizan pasantías y prácticas profesionales provenientes de otras instituciones. Un equipo de 30 voluntarias colabora con la supervisión de las tareas, especialmente las vinculadas con el trabajo tercerizado.

Pero conseguir trabajo para todas las personas no siempre es sencillo. Una parte importante de los clientes son emprendimientos y pequeñas empresas que pueden tercerizar determinadas tareas cuando tienen producción, pero que no necesariamente tienen continuidad durante todo el año.

“Tenemos que tomar trabajos que se pagan realmente muy poco para que haya trabajo para todos”, reconoce Bernardsky. La situación plantea una tensión permanente entre dos objetivos: sostener la actividad productiva y garantizar la sustentabilidad de la institución.

Productos propios para ampliar las oportunidades

La producción propia surgió como otra estrategia para diversificar las actividades y generar nuevas posibilidades de formación y trabajo.

Uno de los primeros productos fueron las bolsas de residuos, pero con el tiempo se incorporaron nuevas líneas y procesos a partir de oportunidades que fueron apareciendo. Entre ellos están la sublimación y, más recientemente, el grabado láser.

La incorporación de esta última tecnología fue posible a partir de una alianza con La Usina, que aportó equipamiento y capacitación. Luego, un proyecto presentado ante la Fundación Banco Nación permitió adquirir máquinas de grabado láser más potentes y computadoras, además de desarrollar capacitaciones tanto para personas de IDEL como para participantes externos.

Hoy el taller produce piezas de madera y otros objetos personalizados, además de pedidos específicos de empresas y organizaciones.

El objetivo no es solamente incorporar nuevos productos al catálogo, sino generar aprendizajes que amplíen las competencias laborales. Algunos jóvenes ya pueden manejar de manera autónoma las máquinas de grabado láser, mientras otros participan de diferentes etapas del proceso.

Una organización en movimiento

Ahora la Fundación explora también alternativas vinculadas con el reciclado y la economía circular. La idea es encontrar procesos productivos que puedan involucrar a distintos trabajadores y, al mismo tiempo, generar productos de calidad con una finalidad concreta. Para Bernardsky, este último punto es central: la inclusión no debería implicar resignar calidad.

La misma lógica atraviesa el vínculo con las empresas. IDEL busca que quienes contratan sus servicios no se relacionen únicamente con una organización que ofrece “mano de obra inclusiva”, sino que conozcan a las personas, comprendan sus capacidades y se involucren en el proceso.

La experiencia de IDEL pone sobre la mesa una de las dificultades estructurales de la inclusión laboral: que la formación y el desarrollo de capacidades no siempre encuentran una oportunidad concreta en el mercado.

Por eso, el objetivo de la Fundación no es solamente preparar a las personas para un eventual empleo. También busca construir, junto con las empresas, las condiciones para que ese empleo pueda suceder.

El taller funciona, así, como espacio productivo, de aprendizaje y de socialización, pero también como plataforma para explorar otras posibilidades. A 20 años de su creación, IDEL continúa buscando ese equilibrio: generar oportunidades reales de trabajo, ampliar la autonomía de quienes participan y, al mismo tiempo, sostener un espacio que para muchos trabajadores ya forma parte de su proyecto de vida.

En palabras de Bernardsky, el taller es “una construcción colectiva”: un lugar donde las ideas se prueban, las tareas se transforman y las alianzas pueden abrir nuevos caminos. El desafío, hacia adelante, es que esos caminos no dependan solamente de la capacidad de la Fundación para inventar nuevas oportunidades, sino también de que más empresas estén dispuestas a construirlas junto a las personas con discapacidad.