“Las personas con discapacidad somos más que un ejemplo motivacional”
Por Stephanie Simonetta

Daniela Aza es licenciada en Comunicación, creadora de contenido digital, conferencista y asesora en discapacidad e inclusión. Desde 2018 utiliza sus redes sociales para visibilizar la discapacidad, derribar mitos y motivar desde su propia experiencia como mujer con discapacidad. Declarada Personalidad Destacada por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y nominada a los Premios Lola Mora en la categoría Creadora de contenido digital, trabaja junto a empresas, organizaciones y marcas para integrar la discapacidad en la cultura organizacional y en la agenda pública.
En diálogo con Diversa Noticias, reflexionó sobre los desafíos que aún persisten en la inclusión laboral, el riesgo de reducir a las personas con discapacidad a relatos de superación y el rol que tienen las empresas para construir culturas verdaderamente inclusivas. “Cuando hablamos de trabajo no es solamente lo económico: hablamos también de una identidad, de sentirnos útiles, de ser reconocidos y valorados por lo que somos”, destaca.
-En tus contenidos como comunicadora te enfocás mucho en derribar mitos sobre discapacidad. ¿Cuáles son las ideas sobre discapacidad que siguen más arraigadas en la sociedad y en particular en los ámbitos laborales?
Cuando hablamos de discapacidad, sigue prevaleciendo un modelo muy atravesado por la perspectiva de la desgracia, lo negativo, las debilidades en lugar de las fortalezas. Ese modelo atraviesa a las empresas y a las organizaciones porque es lo que conocemos y tenemos más naturalizado.
Es muy difícil erradicar esa perspectiva. Venimos luchando hace mucho tiempo para instalar un modelo social en donde se tenga como figura principal a la persona sujeto de derechos, pero para las empresas muchas veces por miedo, también por desconocimiento, la persona con discapacidad sigue representando una pérdida. Esto no es así: ya hay estudios que demuestran que los equipos inclusivos son productivos, que reflejan muchos valores, que de ningún modo restan, sino que enriquecen.
Entonces si bien hay avances, hay empresas que se están animando a dar un pasito más, muchas veces se quedan en la agenda. Y ese es un gran problema: que todo quede en una charlita. La charlita está muy bien, pero necesitás seguir trabajando, diagnosticar, asesorarte con diferentes especialistas o las mismas personas del colectivo para actuar de forma eficiente.

-Y en ese sentido, ¿qué es lo que crees que falta en las empresas para fortalecer la inclusión laboral? Porque cuando analizamos los porcentajes de personas con discapacidad en las nóminas siempre es muy bajo.
Sí y en general se incluye a la disminución leve, o a la discapacidad que no es tan visible. Obviamente todas las condiciones valen y esa persona también necesita el trabajo, pero se trata de que podamos, de a poco, ir incluyendo a todas las personas. Muchas veces está el famoso washing que es para cumplir un checklist o porque me lo piden de afuera, no porque forme parte realmente de la cultura organizacional o del propósito.
Lo que sucede en las empresas es que muchas veces hay un puesto dedicado a una persona con discapacidad. Hoy en día estamos apuntando a cambiar esto. Obviamente que hay puestos más difíciles de cumplir físicamente. Una persona con discapacidad física tal vez no va a ir a una mina, por ejemplo, pero sí puede cumplir funciones administrativas, profesionales, de atención al cliente. Estamos tratando de que la persona con discapacidad cumpla una función que ya existe en la empresa, no que se invente.
-¿Qué buenas prácticas conocés?
Trabajo mucho con Ford, por ejemplo, que tiene muy bien armado el circuito: no se quedan solamente en la inclusión de un par de personas, sino que tienen un programa de asistencia, se ocupan de formar a sus empleados y preparar al equipo también.
Hay empresas que están trabajando con agencias especializadas como aliadas, como Inclúyeme, que tienen una bolsa laboral, están en el circuito de entrevista, de contratación y siguen todo el proceso. Creo que es la mejor manera de trabajar: con especialistas dedicados a esto, con organizaciones que funcionen como nexo.
-Desde tu rol como comunicadora, ¿qué errores seguís viendo en la campañas de empresas cuando se habla de discapacidad?
En muchas ocasiones ponernos como un ejemplo: las personas con discapacidad somos mucho más que un ejemplo. Somos personas con derechos, queremos tener oportunidades, queremos acceder y participar de todos los ámbitos sociales. Pero las empresas muchas veces se quedan solo con la idea del ejemplo de vida y la charla motivacional.
Cuando me convocan para una charla les digo: les puedo contar mi historia, me encanta contarles mi historia, que me habían dicho que no iba a poder caminar y todo lo demás. Pero después vamos a lo educativo, que es con lo que quiero que se queden: con las herramientas y los recursos para aplicar en sus diagnósticos y en su vida organizacional.

-Como comunicadora has sabido construir una comunidad enorme y muy activa, ¿qué responsabilidad implica eso para vos y, a la vez, qué carga emocional implica?
La responsabilidad es enorme, y cada vez más. Porque al crecer y tener mayor audiencia, y no hablo de los seguidores solamente sino de las charlas y eventos, también crece la responsabilidad.
En lo emocional hay altibajos, hay veces en que quise tirar todo por la ventana, porque es difícil abordar estas temáticas y las redes sociales son cada vez más volátiles. Cuando arranqué hace ocho años no era todo tan audiovisual, no ponía tanto la cara.
La verdad que los contenidos los preparo, los planifico, salvo los contenidos más espontáneos -por ejemplo cuando hablo de mi bebé-. Conlleva un peso y una mochila enorme. Aparte muchas veces me ponen como “la” voz. Sí, soy una voz, pero hay un montón de voces hoy en día por suerte. Si te identifica y te inspira lo que estoy diciendo, me parece genial, pero no soy la única voz. Sí tengo la responsabilidad de ser una de las primeras que habla sobre discapacidad en las redes y tal vez por eso se me demanda más.
Hoy cada vez son más las temáticas de las que hablo: se incorporó la maternidad también, que abrió todo un discurso de género muy interesante. Hoy me toca de cerca cuando en las redes me dicen “no, no podés ser mamá, que egoísta que sos”. Pero bueno, una lo banca porque ama su trabajo y la retribución es enorme en los mensajes que recibo para decirme “yo me animé”, o “estoy pensando en ser mamá porque te veo a vos”. Es un montón que alguien se inspire, que una mujer con discapacidad lo esté considerando porque ve que es viable. Es hermoso y hace que valga la pena todo el esfuerzo.
