“Queremos una sociedad que siga conversando en la diferencia”

Natalia Gherardi, directora ejecutiva de ELA, durante una presentación vinculada al libro Usted está aquí, en una entrevista sobre cambios sociales, derechos y conversación democrática.
Natalia Gherardi, Directora de ELA

Ante una coyuntura de creciente polarización, el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) publicó “Usted está aquí”, un libro que combina ilustraciones, investigación y datos para reflexionar sobre los avances alcanzados en las últimas décadas y los desafíos que todavía persisten. A partir de un recorrido entre generaciones, la publicación invita a pensar cómo cambiaron la vida familiar, el trabajo, los vínculos y las posibilidades de decidir sobre la propia vida.

Conversamos con Natalia Gherardi, directora ejecutiva de ELA, sobre el origen del libro, la necesidad de generar conversaciones más amplias, los hitos que marcaron un antes y un después en Argentina y las desigualdades que todavía atraviesa nuestra sociedad.

– ¿Cómo nace la idea de crear este libro?

El libro nace de la convicción de que tenemos que encontrar maneras de hablar con otra gente, de interpelar a otros públicos, de promover o participar colectivamente de una reflexión más amplia. Y que no es solo de las mujeres ni de los feminismos ni de una cierta generación. Sino que es importante hablar con un público más amplio a partir de la reflexión de cómo fueron cambiando nuestras vidas y cómo esos cambios no sucedieron de manera espontánea y ni de la noche a la mañana.

La vida que vivimos hoy en las familias, en el trabajo, en el espacio público, en los lugares de decisión, es aquella que se construyó a lo largo de muchas décadas, de muchos años y constituye o sintetiza valores muy importantes en diversos planos. Y eso hay que protegerlo, hay que valorarlo y hay que construir a partir de allí.

No es que hayamos recorrido un camino de entera satisfacción de derechos ni de situación de bienestar para muchísimas personas. Pero aquello que falta construir tiene que ser sobre la base de lo que hoy tenemos. Entonces el libro fue la búsqueda de ese punto de partida, de una conversación siempre necesaria, pero que tiene que tener esos acuerdos básicos.

– ¿Qué te gustaría que le pase a alguien que agarra el libro y antes de empezar a leerlo tiene el prejuicio de que “esto no tiene nada que ver conmigo”?

Me gustaría que vea que sí tiene que ver. Que no importa si es varón, mujer, heterosexual, homosexual, joven, grande. O sea, no importa quién seas, sos parte de una sociedad, de una comunidad que tiene valores que nos definen y que queremos que nos definan.

Lo que más me gustaría es que todas las personas que tomen ese libro se sientan parte de una conversación que nos incluye y al mismo tiempo nos excede, que es más que mi vida personal, es más que mi experiencia. Es una experiencia colectiva de la que quiero ser parte.

– El libro arranca con una historia de tu familia. ¿Por qué decidieron empezar desde ahí?

Por eso mismo. Muchas veces participamos de espacios de formación y las conversaciones de este estilo te llevan a reflexionar y a mirarte para adentro. Y por eso son espacios valiosos y al mismo tiempo desafiantes, porque te piden que te mires, que analices tu historia. Y entonces me pareció que era bueno ponerme en ese lugar también, y ser parte de esa reflexión.

Como a todas las personas, la historia de nuestras familias de muchas maneras nos marca. La transitás y resignificas de muchas formas, pero para mí esa historia de mi abuela, una mujer que se separó en un contexto sumamente adverso, hace tantas décadas, me dejó un montón de enseñanzas. Es la única abuela que conocí y no era una abuela como las de los cuentos, amorosa, paciente y cuidadora. Era una señora muy severa y muy estricta, pero su historia también probablemente explicaba eso.

Siempre admiré mucho esos rasgos de mi abuela. Su ética de trabajo, su actitud, una mujer muy culta, con muchas inquietudes. Y hubo otras cosas que no pudo, o no supo. Pensaba en lo que es el coraje, pero que hace falta mucho más que coraje también: hacen falta condiciones de habilitación para tomar ciertas decisiones, fuerza para sostenerlas. Y todo eso sigue siendo cierto.

– ¿Cómo fue el proceso de armado del libro desde ELA?

Fue un proceso realmente colectivo de la organización. Más allá de la referencia a mi historia familiar, fue un proceso del que participamos muchas personas de la organización desde diferentes lugares: aportando a la investigación, generando los datos, revisando los contenidos, las ilustraciones, la comunicación. Realmente es un trabajo del que nos sentimos propietarias colectivamente.

– En el libro hay un eje del antes y el ahora, y se muestran muchos avances y también muchos pendientes. En ese recorrido que hicieron, ¿cuáles les parecieron que fueron los cambios más profundos, los avances más marcados, y cuáles los principales pendientes que todavía faltan?

Los cambios más notables son los que se dieron con ciertas reformas legales que fueron de por sí tremendamente significativas y trascendentales para trazar justamente un antes y un después. El reconocimiento del divorcio vincular y la posibilidad de legalmente tomar decisiones tan profundas. La ley de aborto, la posibilidad de tener una política pública sanitaria que reconozca la posibilidad de elegir la maternidad o de resolver la necesidad o el deseo de aborto desde la legalidad y seguridad sanitaria. O la Ley de identidad de género.

Fueron hitos de reconocimiento jurídico de una realidad social que ya existía y de valoración de las personas desde lo más íntimo de sus convicciones, sus deseos, su identidad. Esos fueron hitos positivos que fueron transformadores en sí mismos.

Todo lo que falta está muy relacionado con los estereotipos que persisten, con las miradas sesgadas que tenemos de la organización familiar, de la vida y demás.  Aun cuando hay un progreso evidente -por ejemplo, en el ejercicio de la paternidad-, todavía sigue habiendo una desigualdad en la distribución social de los cuidados o muchos estereotipos respecto a qué es ser un buen padre de familia y dónde debe estar el peso de la generación de ingresos en un hogar. Y eso tiene una contracara que es la feminización de la pobreza, la exclusión de las mujeres de ciertos empleos y de acceso a la protección social.

Creo que lo que falta, más allá de los momentos cíclicos, de crisis económicas argentinas, más allá de las coyunturas, tiene que ver con la persistente pobreza de las mujeres: pobreza de dinero y pobreza de tiempo. También la desprotección de la niñez, de las personas mayores o la exclusión de las personas con discapacidad de gran parte de la vida pública y de la vida social y comunitaria. Entonces lo que falta es transformar condiciones materiales de vida.

– “Usted está aquí” funciona como ubicación histórica. ¿Dónde creés que estamos hoy en Argentina?

Estamos en un momento de tensiones y desafíos en una sociedad polarizada. Entonces, justamente, en un momento de gran polarización a lo que apostamos es a la posibilidad de generar una conversación que una más de lo que polarice. Más allá de las diferencias que definitivamente existen en la sociedad -y eso es parte de la pluralidad democrática y no está mal per se- queremos poner el énfasis en la dignidad común de las personas y en la posibilidad de vivir vidas libres, amables, enfocándonos en aquello que tenemos en común.

En esta época de tantas conversaciones fragmentadas, de redes sociales o conversación digital que te lleva a polarizar y a diferenciarte por el extremo, queremos apostar a la conversación pausada, reflexiva, que busque el encuentro antes que la distancia.

– El libro termina preguntándose hacia dónde queremos ir. ¿Qué pensaron con respecto a eso?

La invitación es a que lo pensemos. Nosotros no tenemos la respuesta, tenemos nuestras ideas sobre hacia dónde queremos ir, hacia dónde nos gustaría ir colectivamente. La invitación es a conversar y a generar ese camino de manera plural.

Queremos una sociedad que siga conversando en la diferencia, que siga apostando al progreso. A la mejora no definida por cada persona individualmente sino como una sociedad en la que el bienestar del otro te importa como el tuyo.

Y donde trabajás por el bien común o buscás la manera -desde tu lugar- de aportar, ya sea al interés público, al bienestar de tu comunidad, de tu familia, de tu gente querida. Y creemos que la manera de hacer eso es conversando, buscando acuerdos y no tratando de marcar la otredad como enemigos, sino apostar a la conversación aún entre y -sobre todo entre- adversarios ocasionales.

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