Palabras que dañan, indiferencia que mata

Por Elizabeth Garrido, consultora en comunicación estratégica y especialista en DEI.
Lo sucedido con Agostina Vega nos conmueve y nos horroriza como sociedad. Sin embargo, como profesional de las comunicaciones, tengo la necesidad de reflexionar sobre el cruel tratamiento mediático que seguimos observando en Argentina frente a casos como este.
Una vez más fuimos testigos de coberturas que priorizaron el impacto por sobre la ética; que pusieron el foco en la víctima y su familia, mientras dedicaban menos atención al perfil del principal acusado y a las posibles falencias en los procedimientos de seguridad y justicia durante su búsqueda. La urgencia por obtener audiencia parece imponerse, una y otra vez, al deber de informar con responsabilidad.
Se cumple una nueva conmemoración de Ni Una Menos y, sin embargo, cuesta advertir avances significativos cuando todavía escuchamos a comunicadores menores de 30 años afirmar que «no entienden qué tendrían que aprender» porque ellos no son delincuentes. Lo mismo ocurre con periodistas de amplia trayectoria que, pese a haber cubierto innumerables casos similares, continúan reproduciendo prácticas que contribuyen a la revictimización y al tratamiento sensacionalista de la violencia.
Pero claro, cómo podemos cuestionar a flamantes comunicadores en su relato ajeno al cuidado a la equidad y con foco de género, cuando el principal representante de la investigación no hace cuestionamientos al propio accionar y sentencia que «analizar el contexto familiar» podría haber prevenido un nuevo femicidio, pese a tener como principal acusado a una persona que fue detenida por abuso sexual y puesta en libertad.
Desde las organizaciones de la sociedad civil llevamos años impulsando capacitaciones y promoviendo herramientas para una comunicación respetuosa y responsable: el uso de terminología adecuada, el enfoque centrado en los hechos, la protección de las personas más vulnerables y el abordaje informado de las violencias. Las herramientas existen. El problema surge cuando se decide ignorarlas.
Ojalá como sociedad seamos más críticos con aquellos referentes que, desde espacios de gran alcance e influencia, continúan reproduciendo discursos y prácticas que ponen en riesgo los avances alcanzados y afectan a quienes más necesitan ser protegidos.
