Corporación Buen Vivir Juntos Sumamos: el cine como herramienta de inclusión

La Corporación Buen Vivir Juntos Sumamos recibió una mención en la categoría LATAM de los Premios FLOR 2026. Conversamos con su directora, Liliana Pinilla Gallego, sobre el trabajo que realizan en Colombia para promover la inclusión y la salud mental de adolescentes a través del cine, el valor de visibilizar a las organizaciones sociales y las posibilidades de colaboración que se abren a partir de este reconocimiento.

¿Qué significa para ustedes este reconocimiento y qué lugar ocupa dentro del camino que vienen haciendo en diversidad e inclusión?

Significa muchísimo para nosotros como organización, sobre todo en una categoría en la que seguramente participan muchas organizaciones que hacen un trabajo muy potente en favor de lo que nosotros definimos como el reconocimiento y el respeto a las diferencias.

Soy una creyente de que todo lo que es para vos te encuentra. Creo que los Premios FLOR me encontraron desde antes, porque una manifiesta permanentemente el deseo de que ese trabajo que desarrolla en territorios, donde a veces creemos que nadie lo ve ni lo valora, pueda ser reconocido.

Creía profundamente que todo el trabajo que venimos haciendo desde 2018 podía ser reconocido, aunque también tenía los pies en la tierra y sabía que hay muchas organizaciones que trabajan con conciencia y compromiso en sus territorios. Al mismo tiempo, confiaba en que el nuestro ha sido un trabajo contundente, serio, permanente y resiliente, sostenido con mucho esfuerzo, especialmente en un sector social en el que a veces es difícil conseguir recursos.

Cuando recibí la noticia, mientras veíamos la transmisión en casa con mi papá, no lo podía creer. Fue una emoción enorme. Que nos haya pasado esto es una reivindicación y una forma de seguir sosteniendo esa bandera, de no declinar ni desaparecer. Todavía hay muchísimo por hacer.

– ¿Qué creen que reconoció el jurado como principales fortalezas de la postulación?

La emoción fue doble porque el jurado está integrado por personas de trayectoria y conocimiento. Pensé que seguramente habían visto el impacto de nuestro trabajo y la posibilidad de replicarlo en cualquier parte del mundo.

Trabajamos con jóvenes en Manizales, un territorio donde tenemos índices considerables de suicidio, tentativas suicidas e ideas recurrentes, sobre todo entre adolescentes y jóvenes. Dentro de las iniciativas de la Corporación hay un proyecto muy importante de cinematografía inclusiva con adolescentes, en el que participan personas de distintos sectores y procedencias: del ámbito público y privado, de zonas urbanas y rurales.

Las apuestas de la Corporación no buscan solamente promover una transformación social y generar vínculos con otros, sino también innovar. Nos preguntamos qué podemos hacer de nuevo o qué más podemos ofrecer para que los chicos no solo participen de un proyecto, sino que construyan realmente sus vidas desde el autoconocimiento, desde lo que son y desde la valoración de la diversidad como una suma.

Muchas veces nos han transmitido la idea de que lo diferente es raro, que no suma y que genera conflicto. Romper esos paradigmas y reconstruirlos ha sido un desafío.

A partir de este proyecto desarrollamos un diplomado y creemos que somos pioneros en Colombia en trabajar el cine desde la inclusión, la diversidad y la salud mental. Para nosotros, todas las iniciativas están entrelazadas.

También tenemos una muestra internacional de cine y me encantaría contar con uno o varios aliados de Argentina para mostrar ese cine que transforma. El cine, como el arte en general, no está hecho solamente para divertir: también permite reflexionar y generar cambios estructurales. Me parece muy poético pensar cómo ponemos a los chicos a crear sus propios guiones a partir de sus historias de vida, sus narrativas y sus tránsitos.

En el proyecto participan chicos con distintas experiencias y realidades: personas de la diversidad sexual, personas con discapacidad, jóvenes de diferentes procedencias y jóvenes en situación de migración, entre otros.

Nos gustaría que este reconocimiento no fuera el único, sino que llegara acompañado de muchos otros. Más allá de la satisfacción personal, para las organizaciones estos premios representan una necesidad de decir: existimos, estamos acá, resistimos y tenemos mucho para aportar. Queremos poder llevar a cualquier parte del mundo lo que venimos construyendo en Manizales.

– ¿Cómo fue el proceso de postulación?

Como te decía, los premios me encontraron. Estaba mirando algo de la Corporación en Instagram, apareció la información y empecé a interiorizarme. Pensé: «¡Qué potente! ¡Qué bueno! Hagámoslo, tenemos con qué».

Por suerte, teníamos a mano y actualizada toda la información que nos pedían, tanto los materiales como el video y la documentación. De todos modos, atravesé el proceso con mucha expectativa. Volvía a mirar las ediciones anteriores y pensaba que necesitábamos precisamente esos espacios de reconocimiento al trabajo que se hace desde las empresas, las organizaciones, las universidades y todos los sectores que apuestan por la inclusión y la diversidad.

Cuando comenzó la transmisión, me llamó la atención el discurso de la directora de la Fundación, porque planteó una reflexión muy pertinente desde lo personal. La conversación sobre estas agendas y la manera en que se distribuyen y sostienen todavía no son sencillas. Es un panorama que vemos a nivel internacional: hablar de inclusión y diversidad sigue siendo complejo en distintos contextos, no solamente en el educativo, sino también en el social y el familiar.

Yo vivo en un territorio colombiano muy conservador, con una presencia importante de homofobia, racismo, clasismo y arribismo. Llevar adelante estas iniciativas muchas veces significa remar contra la corriente. Todavía hay quienes no las apoyan porque consideran que no forman parte de nuestra cultura o de nuestra idiosincrasia.

Por eso, cuando anunciaron la categoría LATAM, no podía creer que estuviera pasando. Este año, además, fueron reconocidas tres organizaciones, y escuchar las experiencias de las otras dos también fue muy emocionante.

La felicidad es enorme, pero enseguida aparece otra pregunta: ¿qué más puede venir a partir de los Premios FLOR? ¿Qué puertas se pueden abrir? ¿Con quiénes podemos conversar, crear y construir redes, incluso desde la virtualidad?

Me gustaría que no quedara solamente en un reconocimiento, que ya de por sí es muy importante, sino que se convirtiera en acciones pequeñas y grandes que nos beneficien a todos. Creo que lo que hacemos desde Buen Vivir puede replicarse en cualquier parte del mundo.

– ¿Qué nuevos desafíos se les abren a partir de este reconocimiento? ¿Qué tipo de alianzas les gustaría generar?

La idea es articularnos. Sería fantástico que pudiéramos vincularnos con las organizaciones que encuentren afinidad con nuestro trabajo.

En el proyecto de cinematografía hacemos cortometrajes realizados por los chicos. Desde 2019 tenemos 27 cortos que nos encantaría poder visibilizar en escenarios de Argentina, por ejemplo, en instituciones educativas y universidades. ¿Por qué no utilizarlos para hacer pedagogía de la inclusión? ¿Por qué no generar intercambios?

Eso es lo que espero que suceda: que podamos articularnos con la Fundación, con organizaciones aliadas y con otras instituciones que tengan intereses en común, para generar sinergias.

Creo que las problemáticas que atraviesan los adolescentes son, en muchos aspectos, universales. Podemos hacer mucho en conjunto y también aprender de las experiencias de otros para llevarlas a nuestro territorio.

Por eso, esta categoría de los premios es una oportunidad enorme. Además de reconocer el trabajo de las organizaciones de base, puede funcionar como una plataforma para fortalecer las iniciativas y ayudarlas a llegar más lejos.

Entre mis sueños está que podamos organizar un gran festival de cine. Los proyectos audiovisuales de nuestros chicos ya fueron reconocidos en festivales de distintos países, y queremos seguir llegando a nuevos espacios. Soñar es válido.

Cada paso que dimos como Corporación tuvo como punto de partida esa convicción, pero también la certeza de que lo importante no es solamente el potencial que podamos tener, sino el impacto que generamos en la transformación de las vidas. Si logramos llegar a un adolescente, a una persona o a una mujer, ya hay un impacto real.

– Para cerrar, ¿qué les recomendarían a otras organizaciones que estén pensando en postularse a una próxima edición de los Premios FLOR?

Primero, tener la convicción de que lo que están haciendo genera un impacto. Es importante guardar las evidencias del trabajo, incluso aquellas que a veces pensamos que nunca van a servir para nada. No solamente para sentirnos orgullosos de lo que hacemos, sino también para reconocer el efecto que tiene en la vida de las personas.

Hay que postularse sin miedo. En Colombia decimos mucho «sin miedo al éxito», y creo que esa es la actitud.

Las organizaciones deben sentirse satisfechas con su trabajo y reconocer su valor. Muchas veces, en un porcentaje muy alto, hacemos el trabajo que debería hacer el Estado en los distintos territorios y con diferentes grupos poblacionales y edades.

Las organizaciones sociales necesitamos empezar a ubicarnos a la par de los gremios, los empresarios y la academia. Hacemos un trabajo fundamental y somos actores sociales relevantes en la construcción, la reconstrucción y el fortalecimiento del tejido social de nuestros territorios.