La lección de anatomía: el cuerpo como único lenguaje posible

Por Lautaro Sourigues

El desnudo inicial del elenco es probablemente uno de los pasajes más comentados en la historia de esta obra estrenada en 1972, que a lo largo de los años sufrió gran cantidad de censuras y polémicas. Sin embargo, en La lección de anatomía ese desnudo no es el núcleo: funciona como umbral precursor, un gesto que establece tono y registro antes de que llegue el verdadero terremoto.

La vigencia de la obra después de 54 años se vuelve evidente a medida que avanza: los conflictos que aborda son tan intrínsecos a la naturaleza humana que trascienden el paso del tiempo. El miedo, la soledad, los mandatos familiares y sociales, con todas sus consecuencias sobre la salud mental y física, son los ejes que conducen el relato.

Sin escenografía ni elementos externos, y con un vestuario uniforme y minimalista, los cuerpos ocupan toda la escena y sostienen por sí solos el vínculo con el público. El trabajo físico grupal revela una escucha colectiva profunda, que funciona como contrapunto al individualismo tan propio de nuestra época moderna.

Si hay una sensación que prima de principio a fin, es la de entrega total por parte del elenco. Como espectador, es inevitable preguntarse cómo se recuperan de semejante extenuación física y espiritual.

Quizás la respuesta esté en el cierre de esta ceremonia, cuando los protagonistas emergen de los abismos psicológicos que atravesaron durante la obra para, finalmente, volver a mirarnos a los ojos y dejarnos vislumbrar la posibilidad de un destino común más amable.

La lección de anatomía puede verse los miércoles 23 y 30 de septiembre a las 20.30 horas

Teatro Empire – Hipólito Yrigoyen 1934

Entrada general $25.000

En venta por Alternativa Teatral