1%: la farsa de quienes deciden por todos
Por Lautaro Sourigues
El jueves 15 de octubre fue la última función de 1%, una de las dos obras del díptico que Nicolás Goldschmidt dirigió para el Festival Callejón 2026, en Espacio Callejón, junto a Todo arder. Nueve actores y una violonchelista dan forma a una comedia de humor negro y tono macabro, de una estética por momentos cercana a La muerte le sienta bien: la vanidad y el privilegio llevados a lo grotesco, con cuerpos y recursos exagerados al servicio de ilustrar los abusos y las dinámicas del poder.

La trama reúne a representantes del 1% más rico del mundo en una empresa argentina, y la reunión funciona como un tablero de intereses cruzados: magnates sin escrúpulos, funcionarios ridículos y alianzas y complicidades secretas que se tejen por detrás de lo que se dice en voz alta, hasta el punto de la confusión. Ese enredo es parte de la sátira: la rosca política propia de nuestros tiempos aparece con toda su complejidad y su ridiculez. Es en ese marco donde se planifica el control de las masas y se decide incluso quién vive y quién muere.
La obra pone el foco en una lógica extractivista y tecnocrática que pretende avanzar sin detenerse ante lo vivo. Las actuaciones histriónicas llevan cada gesto al límite de la caricatura, y entre ellas se abren pequeños solos de una destreza actoral que sostiene la escena por sí sola.
Las dos obras del díptico pueden verse por separado, pero comparten un mismo mundo: si Todo arder sigue a un grupo revolucionario que busca terminar con toda forma de comunicación tecnológica, 1% se ubica en el extremo opuesto de esa trama, entre quienes la administran y negocian su control a puertas cerradas. Una imagina cómo desarmar el sistema; la otra muestra desde adentro cómo se sostiene. Aquí el delirio no funciona como evasión sino como lupa; quizás la risa sea el modo en que la obra permite reconocer, en la exageración, lógicas que ya operan fuera de la sala.
