Anónimo: la fragmentación neurótica como exploración creativa
Por Lautaro Sourigues

El miércoles 2 de septiembre fue la última presentación de Anónimo, el proyecto performático creado y protagonizado por Nicolás Goldschmidt en el marco de la Residencia Konex vol. 4. “Un coso” –según las palabras de su propio creador– en el que expone con crudeza un proceso creativo plagado de autorreflexión y sumido en las incongruencias de un mundo que parece al borde de un abismo distópico. El cuerpo es protagonista absoluto: saltos, corridas, transpiración y golpes funcionan como dínamo llenando todos los espacios.

Cada pasaje de este proyecto busca abrir el sentido más que dar respuestas cerradas, casi constantemente girando en torno a problemáticas tan ubicuas como necesarias: el cuerpo como territorio objetivo del poder; la disolución de la diversidad en las aguas de una tecnologización que aliena sin dar respiro; el rol del arte, y la necesidad de reconocimiento en sociedades crecientemente complejas. El monólogo inicial durante la llegada de la audiencia a la sala, y la charla del protagonista con el “Dios del teatro” muestran las costuras de su sometimiento a las fuerzas artísticas y de la neurosis como motor creativo.
La performance abunda en comentarios políticos sobre consumo y mercado cruzado con el eje tecnológico; expone sátiras agudas del mainstream mediático como el late night show, y en el mismo suspiro deja en claro que el cuerpo allí presente está plenamente inmerso en todo ese barro contemporáneo lleno de contradicciones.
«Producir para resistir» parece gritar esta puesta en escena producida por Micaela Irina Zaninovich. Aquí el creador despliega material expresivo sin filtros y convoca no tanto a pensar, sino más bien a sentir en carne propia un reflejo posible del mundo que estamos habitando.
