Tomar las canchas, tomar las empresas: golf adaptado, trabajo e inclusión

Rita Fernández, la primera argentina en participar del US Open de Golf Adaptado, es abogada y fue gerente de Recursos Humanos. En diálogo con Diversa, habla de discapacidad, accesibilidad, género y liderazgo.

Por Stephanie Simonetta

La abogada Rita Fernández fue gerente de Recursos Humanos y actualmente es golfista adaptada. A los 57 años, se convirtió en la primera argentina en participar del US Open de Golf Adaptado, que se disputó en Maryland, Estados Unidos, en julio. Su llegada al deporte comenzó después de la pandemia, cuando tomó sus primeras clases y descubrió la existencia del golf adaptado. Hoy, esa experiencia deportiva también atraviesa su mirada sobre el trabajo, el liderazgo y la inclusión.

“El golf adaptado es el que se ve en la tele, pero aplicando laRegla 25”, explica. Se trata del conjunto de modificaciones que permite adaptar las reglas del golf a las necesidades de los jugadores con discapacidad. En su caso, la disminución visual severa -perdió completamente la visión del ojo izquierdo y conserva una visión parcial y tubular en el derecho- hace que pueda jugar con un asistente que la ayude a identificar obstáculos en el campo.

“El golf es un deporte muy justo”, sostiene Rita, y compara la Regla 25 con el hándicap, que permite que jugadores con distintos niveles de habilidad puedan competir en condiciones más equilibradas.

“Tener discapacidad no es no hacer las cosas”, afirma. Su trayectoria muestra algunas de las estrategias que desarrolló frente a distintas barreras: perdió la visión de un ojo durante la adolescencia, pero eso no le impidió estudiar Derecho en una universidad pública ni desarrollar una carrera profesional en Recursos Humanos. Tuvo que encontrar otras maneras: materiales fotocopiados en tamaño grande, clases a las que procuraba no faltar para incorporar la información y distintas estrategias para sortear las dificultades. “Creo que el golf adaptado, justamente, es una manera tan clara y simple de ver cómo en la vida podemos adaptarnos con un poquito de ayuda”, reflexiona.

Entre el green y las organizaciones, Rita encuentra más similitudes de las que podría parecer. Habla de techos de cristal, de la necesidad de “ponerle el cuerpo” a los cambios, de la camaradería como herramienta de liderazgo y de la importancia de generar espacios reales de escucha. Y también de la responsabilidad de quienes ya lograron abrirse camino: “Si nosotras no levantamos la mano, nadie va a levantar la mano por nosotras”, sostiene.

– ¿Qué creés que el mundo del trabajo puede aprender del deporte en lo que refiere a adaptar las reglas para promover la inclusión?

Como parte de recursos humanos en las organizaciones y como abogada laboralista, pero -sobre todo- como persona con discapacidad, lo que creo que nos falta es bajar del discurso a la realidad.

Es divino hablar de la inclusión y diversidad en los ámbitos de trabajo, pero si tenemos 43 escaleras para entrar y no somos capaces de poner una rampa porque le queda feo a la fachada, todo lo que podemos hacer por RSE es cartón pintado. Creo que nos faltan pequeñas acciones: poner una rampa, poner mejor luz, hacer todas las inspecciones de seguridad e higiene en los puestos de trabajo para que sean adecuados.

– Como abogada y también como ex gerente de recursos humanos, ¿qué aprendizajes del deporte creés que se pueden llevar al trabajo y al liderazgo de equipos?

Uno que para mí es fantástico es la camaradería. En el golf son 18 hoyos. Después de eso está el hoyo 19, donde te sentás a tomar un café o una cerveza y empezás a conversar. No solo del partido, de la vida.

Y creo que esos son los buenos momentos. En las organizaciones hay que descontracturar un poco. Hay que descontracturar los procesos para mejorar los procesos. Hay que permitir estos espacios de pensamiento en esos mini cortes.

El hoyo 19 hay que también practicarlo en las organizaciones. Pero no digo de poner una sala de relax o un lugarcito para hacer ping pong, no. Un espacio de reflexión, donde los equipos de trabajo puedan opinar. Justamente, esas charlas van a mejorar los procesos. Hay que empezar a crear conciencia dentro de los mandos medios y de los altos de que la diversidad es escucha y conversación.

– ¿Qué te enseñó la discapacidad sobre liderazgo?

Un montón de cosas. Lo que más le agradezco es haber podido, por un lado, adquirir una garra que no sé si hubiera tenido. Pero también me enseñó que lo que yo veo -de manera textual y literal- no es lo que vos ves. Y eso lo podés transpolar a pensamientos, a acciones, a un montón de cosas.

Cada uno ve y vive las cosas como quiere y como puede. Lo importante de esto, me parece a mí, es justamente llenarse del otro, aprender del otro para ir mejorando. Aplicado en la vida y aplicado en las organizaciones.

– En tus redes sociales recientemente denunciaste una publicidad machista en el golf. ¿Qué desigualdades encontrás hoy en el mundo del deporte?

Las mismas que vemos en las organizaciones, exactamente las mismas. Los techos de cristal salariales, por ejemplo. Pero, ¿sabés cómo rompemos esos techos de cristal? Rompiéndolos. No nos quedemos esperando. El techo de cristal laboral se rompe buscando un mejor sueldo. Un techo en el golf se rompe haciendo un equipo y saliendo a jugar. Poniéndole el cuerpo.

Y creo que, volviendo a esto de marcar esta publicidad machista, no hay que callarse. Porque detrás nuestro hay un montón de chiquitas que tal vez hoy no tienen la habilidad o la edad como para hablar. Y creo que es nuestra responsabilidad social y moral de empezar a abrir camino.

– ¿Qué crees que tiene que cambiar en nuestra sociedad para que historias como la tuya dejen de ser excepciones?

Saber que si nosotras no golpeamos las puertas, no vamos a tener un espacio. Cuando seamos muchas las que golpeamos las puertas, ahí las orejas se van a sacar un poquito los tapones y van a empezar a hacer las cosas más fáciles.

Creo que nosotras, como mujeres y como personas con discapacidad, tenemos que hacer entender a la sociedad que la igualdad no es una cuestión de merecerla, es un derecho.  

Si nosotras no levantamos la mano, nadie va a levantar la mano por nosotras. Y hagámoslo, porque es la manera de empezar a exigir nuestros lugares. Los lugares en la vida hay que tomarlos. Hay que insistir, es nuestro derecho. Creo que falta eso: movernos, tomar las canchas, tomar las empresas, prepararnos y accionar.

El 26 y 27 de septiembre Rita participará del DAIKIN Madrid Open de Golf Adaptado. Podés seguir sus novedades aquí.