Autonomía económica y redes comunitarias: cómo Nuestras Huellas transforma la vida de emprendedoras

En el Conurbano Norte de Buenos Aires, una organización lleva más de dos décadas tejiendo redes de independencia económica para personas en situación de vulnerabilidad. Nuestras Huellas nació en 2001, en plena crisis, con un comedor barrial. Hoy tiene dos programas -microfinanzas y formación- y una convicción clara: que la autonomía económica transforma vidas.

Maite Sanjuan, co-directora de la organización, lo resume así: «Nuestro corazón es promover la independencia económica de personas en situación de vulnerabilidad. Mayormente las personas que acompañamos son mujeres: mujeres excluidas del sistema financiero formal y que además tienen mucha garra y creatividad. Son sostén de familia y buscan salir adelante a través de pequeños proyectos productivos o emprendimientos”.

El 98% son mujeres, y no es casualidad

En el programa de microfinanzas de Nuestras Huellas, las mujeres representan el 98% del total. Detrás de ese dato hay una combinación de desigualdades estructurales, mandatos de género y también formas colectivas de organización que la fundación observa hace años en el territorio.

Para Sanjuan, una de las claves está en la manera en que muchas mujeres construyen redes comunitarias para sostenerse y generar oportunidades. A esa capacidad de organización se suma una distribución desigual de las tareas domésticas y de cuidado, que sigue condicionando las posibilidades de inserción laboral formal: «Las personas que acompañamos están atravesadas por esta realidad, donde la crianza, el cuidado de los niños y las niñas está mayormente a cargo de la mujer», explica.

En ese contexto, emprender aparece muchas veces como una alternativa posible frente a trabajos más rígidos o incompatibles con las responsabilidades de cuidado. Pero también puede convertirse en una herramienta clave para salir de situaciones más complejas, como la violencia de género: “En las situaciones de violencia detectamos esto de ‘no me puedo ir porque no tengo dónde ir o cómo voy a comer’”, sostiene Sanjuan. En ese sentido, la organización entiende que el acceso a recursos económicos puede ampliar márgenes de decisión: “Aportar nuestro granito de arena en generar esa autonomía económica abre posibilidades para que las mujeres que están atravesando esas situaciones puedan ver una alternativa».

El impacto del trabajo de Nuestras Huellas se refleja en historias concretas. Sanjuan recuerda especialmente el caso de Ramona, una emprendedora que logró reinventarse a partir del acompañamiento de su grupo: «Llegó a una edad en donde decía ‘y ahora no puedo trabajar más’, y de repente se dio cuenta de que tenía sus manos, y con sus manos podía hacer empanadas. Hoy son unas de las empanadas más ricas de San Fernando. Ahorró lo suficiente para llevar de vacaciones a su pareja. Fue la primera vez que se subía a un avión.»

Los emprendimientos que acompaña Nuestras Huellas son diversos: peluquerías, gastronomía, barberías e incluso mujeres que empiezan a incursionar en oficios históricamente masculinizados, como la cerrajería. Sin embargo, para Sanjuan el cambio más profundo ocurre en otro plano: «El impacto más fuerte es en el empoderamiento y en la toma de decisiones. El poder darse cuenta: ‘yo estoy gestionando mi dinero, estoy tomando decisiones sobre mi proyecto’. Ese darse cuenta, que se da en red, es fantástico.»

Banquitos solidarios y el hábito del ahorro

La metodología de Nuestras Huellas está inspirada en el Banco Grameen de Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz. Las participantes forman grupos que llaman «banquitos», donde se eligen entre sí a partir de la confianza. Desde ahí acceden a microcréditos, pero el objetivo central es el ahorro.

«Hacemos fuerza en que puedan construir y generar el hábito del ahorro, de forma grupal, para constituir un capital de trabajo propio que les permita después tomar sus propias decisiones y no depender ni del crédito de Nuestras Huellas ni del de nadie», destaca Maite.

El resultado es visible: de los 62 grupos que acompañan actualmente, 20 ya no toman crédito con la organización porque lograron autogestionar su propio capital de trabajo.

El modelo con empresas: uno por uno

Nuestras Huellas también articula con el sector privado, y tiene un modelo que va más allá del financiamiento tradicional. La organización ofrece capacitaciones en educación financiera y gestión del dinero para equipos corporativos y con ese ingreso replica la misma formación de forma gratuita en comunidades vulnerables.

«Está estudiado que las personas que tienen problemas con la gestión del dinero dedican a veces más de 10 horas semanales de trabajo a estar resolviendo eso, y eso impacta directamente en la productividad. Entonces, con empresas muchas veces hacemos esto: desde nuestro expertise en educación financiera, contribuir al bienestar de los equipos de trabajo. Y a partir de esa inversión que hace la empresa, nos damos vuelta y damos la misma capacitación en comunidades en situación de vulnerabilidad social«, sostiene Sanjuan.

El modelo incluye también instancias de voluntariado corporativo: colaboradores y colaboradoras que recibieron la capacitación participan luego de talleres en territorio, acompañando a emprendedoras en los barrios.

Un ejemplo de este esquema es el proyecto en La Banda, Santiago del Estero, que articuló a Arredo, Banco Galicia, Flybondi y otras organizaciones para llevar materiales, conocimiento y educación financiera a una comunidad rural aislada.